«Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos». Mateo 5: 10
En el Sermón del Monte, Jesús demostró que los principios de su reino están invertidos en relación con los valores del mundo. En lugar de riqueza y fuerza el Maestro valoró, la pobreza, la humildad y la mansedumbre. No era exactamente eso lo que su audiencia quería oír, Sin embargo, las palabras de Cristo fueron dichas con tanta verdad y ternura que penetraron el corazón de los oyentes como lluvia en tierra árida. Les parecía que el cielo había bajado a la Tierra.
Es increíble ver que Jesús cerró el tema de las bienaventuranzas hablando de persecución. En condiciones normales, esperaríamos recompensas y honores para aquellos que siguen el camino de la justicia. Sin embargó, Cristo presentó a los discípulos un grand finale invertido; un «final feliz» al revés. Desde la óptica del reino de los cielos, la carrera cristiana no termina con una medalla, sino con una espada en el cuello..
¡Pero espera! Esto no es tan malo como parece, siempre que lo analices con los «lentes» del Espíritu. Los discípulos que siguen al, Maestro entienden que el camino es estrecho y que estamos aquí solo de paso. El mismo Cristo, que no merecía azotes, escupitajos ni cruz, enseñó Con su ejemplo que amar tiene un alto costo y que la persecución forma parte del repertorio de la fe. Aquí no estamos en nuestra patria, sino en una escuela de preparación para el cielo.
Si hoy estás siendo perseguido por causa de Cristo, puedes tener la seguridad de que no eres, el único. A lo largo de los siglos, millones de fieles han perdido la vida en los coliseos en las prisiones y en las hogueras encendidas por los poderes civiles y religiosos. muchos casos; estos mártires murieron cantando y predicando sobre su fe en Jesús. Así ocurrió con Policarpo de Esmirna, Jan Hus, William Tyndalé y tantos otros. Elena de White comentó que las jóvenes «subían al cadalso y la hoguera vestidas con sus mejores galas, lo mismo que si fueran a sus bodas» (El conflicto de los siglos, p. 246).’ ¿Acaso tenemos una determinación tan firme como esa?
Se estima que, cada año, alrededor de 250 millones de cristianos sufren algún tipo de persecución severa en el mundo. Un día, esa persecución se intensificará y tocará a la puerta de nuestra casa. Por la gracia de Dios, permanece fiel, cueste lo que, cueste.
«DIFERENTE»
POR: MILTON ANDRADE
Colaboradores: Isaí Cedano y Karla González
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