«Jesús terminó diciendo: «Lo mismo hará Dios mi Padre con cada uno de ustedes, si no perdonan sinceramente a su hermano»». Mateo 18: 35, TLA

En la parábola de Jesús referida en el versículo de hoy vemos gran contraste enfre la actitud del rey, que perdonó una gran deuda al siervo que no podría haberla pagado aunque se vendieran como esclavos él y su familia, y la actitud del siervo. El rey fue conmovido por la misericordia y le perdonó la deuda sin ningún compromiso. Sin embargo, aunque el hombre que le debía solo cien monedas le pidió perdón arrodillado y diciendo «ten paciencia conmigo y yo te lo pagaré todo» (Mateo 18: 29), el siervo no lo perdonó.
El perdón de Dios hacia nosotros es inmenso y costó la muerte de nuestro Señor en la cruz del Calvario. El perdón restaura las relaciones, por eso anhela que perdonemos a nuestro hermano. El que no está dispuesto a perdonar demuestra que no tiene un corazón regenerado. La deuda del pecado es una deuda muy grande, en cierto modo infinita, impagable, pero Dios es tan grande, que por su gran misericordia la canceló y nos declaró inocentes, como si nunca hubiésemos pecado.
¿Qué pasaría si Dios llevara la cuenta de cuántas veces nos perdona? Así como él no es así, tampoco nosotros tengamos límites para perdonar las ofensas de nuestro hermano porque si perdonamos, seremos perdonados.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2018
“Fuentes De Vida¨
Por: David Javier Pérez