viernes , 17 julio 2026
Notas de Ellen G. White 2025

Pasar la antorcha

 

El Señor dio a Moisés instrucciones especiales para los hijos de Israel con respecto a lo que debían hacer para preservarse a sí mismos y a sus familias de la temible plaga que estaba a punto de enviar sobre los egipcios. Moisés también debía dar instrucciones a su pueblo con respecto a su salida de Egipto. En aquella noche, tan terrible para los egipcios y tan gloriosa para el pueblo de Dios, se instituyó el solemne rito de la Pascua. Por mandato divino, cada familia, sola o junta con otras, debía degollar un cordero o un macho cabrío «sin defecto», y con un manojo de hisopo «untar el dintel y los dos postes» de sus casas con la sangre, como señal de que el ángel destructor, que llegaría a medianoche, no entrara en esa vivienda. Debían comer la carne asada, con hierbas amargas, por la noche, como dijo Moisés, “ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová”. Este nombre fue dado en memoria del paso del ángel por sus moradas; y tal fiesta debía ser observada como un memorial por el pueblo de Israel en todas las generaciones futuras (From the Heart, 29 de julio, p. 222).

Todos los actos de la vida de Jesús fueron importantes. Cada acontecimiento de su vida era para el beneficio de sus seguidores del futuro. Esta circunstancia de la demora de Cristo en Jerusalén enseña una lección importante a los que habían de creer en él. Muchos habían recorrido grandes distancias para celebrar la Pascua, instituida para que los hebreos recordaran su maravillosa liberación de Egipto. Esta ordenanza tenía por objeto apartar sus mentes de sus intereses mundanos, y de sus preocupaciones y ansiedades en relación con los asuntos temporales, y repasar las obras de Dios. Debían recordar sus milagros, sus misericordias y su amorosa bondad para con ellos, a fin de que su amor y reverencia por él aumentaran y los llevaran a acudir siempre a él y a confiar en él en todas sus pruebas, y a no volverse hacia otros dioses.

La observancia de la Pascua poseía un interés solemne para el Hijo de Dios. Veía en el cordero degollado un símbolo de su propia muerte. Al pueblo que celebraba esta ordenanza se le instruía para que asociara el sacrificio del cordero con la muerte tintura del Hijo de Dios. La sangre, que marcaba los postes de las puertas de sus casas, en el símbolo de la sangre de Cristo, que había de ser eficaz para el pecador creyente, limpiándolo del pecado y protegiéndolo de la ira de Dios que había de caer sobre el mundo impenitente e incrédulo, tal como la ira de Dios cayó sobre los egipcios. Pero nadie podía beneficiarse de esta provisión especial que Dios había hecho para la salvación del hombre, a menos que realizara la obra que el Señor le había encomendado. Ellos mismos tenían una parte que desempeñar: por sus actos debían manifestar su fe en la provisión hecha para su salvación (The Review and Herald. 31 de diciembre, 1872, párr. 11, 12).

Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
3er. Trimestre 2025 «EL EXODO: VIAJE A LA TIERRA PROMETIDA»
Lección 5: «LA PASCUA»
Colaboradores: Xiomara  Moncada y Karla González

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