viernes , 1 mayo 2026
Notas de Ellen G. White 2025

Para que te conozca

 

Moisés manifestó su gran amor por Israel al interceder ante el Señor para que perdonara el pecado del pueblo o borrara su nombre del libro que él había escrito. Sus intercesiones ilustran el amor y la mediación de Cristo por la raza pecadora. Pero el Señor se negó a dejar que Moisés sufriera por los pecados de su pueblo apóstata; le dijo que aquellos que habían pecado contra él serían borrados de su libro que había escrito, porque los justos no deben sufrir por la culpa de los pecadores. El libro al cual se hace referencia aquí es el libro de los registros del cielo, en el cual está inscrito cada nombre y están registrados fielmente los actos de todos, sus pecados y su obediencia. Cuando los individuos cometen pecados que son demasiado atroces para que el Señor los perdone, sus nombres son borrados del libro y quedan destinados a la destrucción. Aunque Moisés comprendía el terrible destino de aquellos cuyos nombres debían ser borrados del libro de Dios, declaró claramente ante Dios que si los nombres de su descarriado Israel debían ser borrados, y no ser más recordados por él para bien, él deseaba que su nombre fuera borrado con el de ellos. No podía soportar que la plenitud de su ira cayera sobre el pueblo por el que había obrado tales maravillas (Spiritual Gifts, t. 3, p. 285; parcialmente en Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 7, p. 998).

Después que el Señor hubo dado a Moisés todas estas garantías misericordiosas, ¿descansó satisfecho y se conformó? No; todavía deseaba algo del Señor; y oró: “Te ruego que me muestres tu gloria. 19 Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente”. La gloria de Dios fue revelada a Moisés, y será revelada a aquellos que la busquen tan fervientemente como lo hizo Moisés (The Review and Herald, 28 de julio, 1891, párr. 7).

Debemos suplicar a Dios sus bendiciones, tal como Moisés le suplicó en el monte. No tenemos tiempo que esperar. Nuestro Señor viene, y es hora de poner nuestra casa en orden. Hay un gran trabajo que hacer, y si vas a tu prójimo con tu corazón todo lleno de calor y resplandeciente de amor, ¿no crees que puedes encontrar la llave para abrir el corazón de tu prójimo? El problema con nuestra obra ha sido que nos hemos contentado con presentar una teoría fría de la verdad. No hemos dejado que nuestros corazones se enternecen ante aquellos con quienes trabajamos. ¡Oh, que el Señor avivara nuestro entendimiento, y nos diera una comprensión del tiempo en que estamos viviendo! Muchos han caminado entre las chispas de su propia llama, pero nosotros debemos suplicar a Dios como lo hizo Moisés, avanzando paso a paso hasta que podamos decir: “Muéstrame tu gloria”. Moisés era ferviente en cuanto al asunto, y el Señor lo puso en una hendidura de la peña, y dejó que su bondad pasara delante de él. ¿Has pensado en eso? Dejó que su bondad pasara delante de él. Hermanos míos, ¿Qué no hará el Señor por nosotros si lo buscamos de todo corazón? (The Review and Herald, 28 de mayo, 1889, párr. 10).

Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
3er. Trimestre 2025 «EL EXODO: VIAJE A LA TIERRA PROMETIDA»
Lección 12: «TE RUEGO QUE ME MUESTRES TU GLORIA»
Colaboradores: Xiomara  Moncada y Karla González

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