Cristo era sin pecado; si así no hubiera sido, su vida en carne humana y su muerte de cruz no hubieran sido de mayor valor, a fin de obtener gracia para el pecador, que la muerte de cualquier otro hombre. A la par que asumió la humanidad era una vida unida con la Divinidad. Podía deponer su vida tanto en calidad de sacerdote como de víctima… Se ofreció sin mancha a Dios.
La expiación de Cristo selló para siempre el pacto eterno de la gracia. Era el cumplimiento de todas las condiciones que, por estar quebrantadas, habían inducido a Dios a suspender la libre comunicación de la gracia a la familia humana. Se quebrantó entonces toda barrera que impedía la más libre actuación de la gracia, la misericordia, la paz y el amor hacia el más culpable de los miembros de la raza de Adán (La maravillosa gracia de Dios, 25 de mayo, p. 153).
Como se ha dicho, el Santuario terrenal fue construido por Moisés, conforme al modelo que se le mostró en el monte. “Era figura de aquel tiempo presente, en el cual se ofrecían presentes y sacrificios”. Los dos lugares santos eran “figuras de las cosas celestiales”. Cristo, nuestro gran Sumo Sacerdote, es el “ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que el Señor asentó, y no hombre”. Hebreos 9:9, 23; 8:2. Cuando en visión se le mostró al apóstol Juan el templo de Dios que está en el cielo, vio allí “siete lámparas de fuego… ardiendo delante del trono”. Vio también a un ángel “teniendo un incensario de oro; y le fue dado mucho incienso para que lo añadiese a las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono”. Apocalipsis 4:5; 8:3. Se le permitió al profeta contemplar el Lugar Santo del Santuario celestial; y vio allí “siete lámparas de fuego ardiendo” y “el altar de oro”, representados por el candelero de oro y el altar del incienso o perfume en el Santuario terrenal. Nuevamente “el templo de Dios fue abierto en el cielo” (Apocalipsis 11:19), y vio el Lugar Santísimo detrás del velo interior. Allí contempló “el arca de su testamento”, representada por el arca sagrada construida por Moisés para guardar la ley de Dios.
Moisés hizo el Santuario terrenal, “según la forma que había visto”. Pablo declara que “el tabernáculo y todos los vasos del ministerio”, después de haber sido hechos, eran símbolos de “las cosas celestiales”. Hechos 7:44; Hebreos 9:21, 23. Y Juan dice que vio el Santuario celestial. Aquel Santuario, en el cual oficia Jesús en nuestro favor, es el gran original, del cual el Santuario construido por Moisés era una copia (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 370, 371).
“Y llevará sobre sí la gloria”. Es a Cristo a quien pertenece la gloria de la redención de la raza caída. Por toda la eternidad, el canto de los redimidos será: “A Aquel que nos ama, y nos ha lavado de nuestros pecados en su misma sangre… a él sea la gloria y el dominio por los siglos de los siglos”. Apocalipsis 1:5, 6 (El conflicto de los siglos, p. 411).
Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
2do. Trimestre 2025 «ALUSIONES, IMÁGENES Y SÍMBOLOS: CÓMO ESTUDIAR LA PROFECÍA BÍBLICA»
Lección 08: «EN LOS SALMOS: PRIMERA PARTE»
Colaboradores: Xiomara Moncada y Karla González
