«No te pido solo por estos discípulos, sino también por todos los que creerán en mípor el mensaje de ellos. Tepido que todos sean uno […] como tú estás en mí, Padre,yyo estoy en ti. Y que ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Les he dado lagloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo estoy en ellos, y tú estás en mí. Qye gocen de una unidad tan perfecta que el mundo sepa que tú me enviaste y que los amas tanto como me amas a mí». Juan 17: 20-22, NTV
NUESTRA GRAN NECESIDAD es la unidad. No hay nadie a quien podamos dejar de lado. El Señor nos llama a unirnos en armonía con la verdad bíblica. Esto debiera repetirse de continuo en el hogar y en la iglesia. […]
Dijo Cristo: «Como el Padre me mandó, así hago» (Juan 14: 31). Vino a nuestro mundo, comisionado por el Padre, a tender un puente sobre el abismo que el pecado había producido entre Dios y nosotros. Había que proveer para la reconciliación, para la unión de la naturaleza humana con la divina. Cristo tenía que santificar a todos los que creyeran en él. En el don de Cristo al mundo, Dios proveyó el poder que cada uno necesitamos para vencer el mal. Nos dio «sus promesas, que son muy grandes y de mucho valor, para que por ellas lleguen ustedes a tener parte en la naturaleza de Dios y escapen de la corrupción que los malos deseos han traído al mundo» (2 Ped. 1: 4, DHH).
Como está claramente revelado en la Palabra, la gran apostasía comenzó originalmente con la negación del amor de Dios. Entonces se hizo provisión para que nosotros, seres caídos, pudiéramos tener una poderosa revelación del amor de Dios, y la oportunidad de volver a una relación de pacto con el Señor. «De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna». «Yo pongo mi vida por las ovejas», dice Cristo. «El pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo». Aquí está la revelación del poder eficaz, capaz de «salvar perpetuamente». «Dios es luz» y «Dios es amor» (Juan 3: 16: 10: 15; 6: 51; Heb. 7: 25; 1 Juan 1: 5; 4: 8, 16).
Después de la guerra que hubo en las cortes celestiales, Satanás y sus secuaces fueron expulsados. Como seres humanos, estamos sujetos a los engaños y las arteras tentaciones de ese cruel enemigo caído. A menos que seamos protegidos por el poder de Cristo, ciertamente seremos extraviados por los sofismas satánicos que inundan el mundo. Nuestra seguridad está en apoyamos no en el poder humano, en «el brazo de carne» (2 Crón. 32: 8), sino en el brazo divino. Los que son «partícipes de la naturaleza divina» (2 Ped. 1: 4, RVC) no serán engañados por Satanás.
Todos seremos probados. Muchos que profesan ser cristianos serán colocados en puestos de confianza, como guardianes del rebaño de Dios. […] Somos propiedad de Dios. En Jesucristo hemos de contemplar un modelo de lo que debiéramos ser. Cada cual debiera disciplinarse en la contemplación, no de sus prójimos, sino de Cristo. El es el autor y consumador de nuestra fe.—Carta 172, 15 de mayo de 1907, dirigida a Percy T. Magan, cofundador de las instituciones de Madison, Tennessee, Estados Unidos.
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Devocional Vespertino Para 2019.
“Alza Tus Ojos”
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Lisseth Orduz & Michelle Ramírez
