No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás
(Éxodo 20: 4-5).
Al ser humano, por naturaleza, le cuesta creer en lo que no ve. Es como dar un salto al vacío, confiar en que el próximo mes te daré cien mil dólares cuando ahora tengo en la mano cincuenta mil. En cuestiones espirituales también cuesta adorar lo que no se ve. Los antepasados hacían cuantas imágenes fueran necesarias si estas eran suficientemente poderosas para considerarlas un dios: el sol, la luna, la muerte, las estrellas y muchas más. En el mundo cristiano, las cosas no son diferentes, ya que se hacen imágenes de Jesús, de María, de los apóstoles, de los hombres y las mujeres considerados santos; las cuales son veneradas, adoradas y hasta tomadas como intercesoras ante Dios.
Conociendo la naturaleza de la raza humana, Dios dio en el segundo mandamiento instrucciones muy enfáticas y precisas. Si Dios hubiera querido ser adorado mediante una imagen, seguro que hubiera dejado indicaciones de cómo debía ser esa imagen, pero no lo hizo. No existe en toda la Escritura algún indicio de que se deba hacer una imagen de Dios para adorarla.
Es normal que el ser humano traslade su adoración a lo que puede ver y tocar. Por supuesto, Satanás aprovecha cada instante para desviar la adoración que debía ser dada a Dios. Es más adorada María que Jesús, a pesar de que haya sido la madre, una mujer escogida por Dios para el nacimiento de su Hijo. El Salvador del mundo es Jesús, pero ahora María es considerada una intercesora que toma el lugar del mismo Cristo.
Por doquier puedes ver imágenes que representan al Señor Jesús, pero Dios te recuerda que no hagas imagen alguna ni la adores. Dios es espíritu, dice su Palabra, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad. Dios no puede ser representado por ninguna imagen como Rey del universo, Señor de los cielos y de la tierra, él está omnipresente en cada rincón de este inmenso universo.
Se lo puede encontrar al alcance de una palabra, de una oración, de un pensamiento. El Señor desea ser adorado en el corazón, en la mente de cada persona, donde desea ser entronizado como el Dios de cada ser humano. La mejor manera de adorarlo es obedeciéndolo, cumpliendo su palabra y viviendo de acuerdo con los principios dejados por él en la Biblia. Mi querido amigo, acepta a Dios como tu Padre celestial y adóralo obedeciendo sus mandamientos, porque todo es por su gracia.
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Tomado de la: Lectura Devocional para Adultos 2026
«POR SU GRACIA»
Por: Isaías Espinoza
Colaboradores: Nesthor Caraballo y Esther Peláez
