No tomarás el nombre de Jehová, tu Dios, en vano, porque no dará por inocente Jehová al que tome su nombre en vano (Éxodo 20: 7).
El mundo tiene un código de valores. En muchos lugares cuando la palabra o la reputación de una persona respetada se toma como referencia, es suficiente para aceptar la aseveración o declaración dada. En el mundo cristiano, la Biblia es un libro sagrado que se toma como un código de valores; si la Biblia lo dice es suficiente para aceptar y no discutir más. En el tercer mandamiento Dios nos dice que no tomemos su nombre en vano.
¿Qué significa esto? No desacreditarlo, no ir en su nombre aseverando una verdad que es mentira, no colocar la mano sobre la Biblia y jurar decir la verdad poniendo a Dios como testigo y mentir; así como aceptar a Jesús como Salvador, pero no vivir de acuerdo con sus mandatos, de manera que mucha gente se confunda porque el testimonio desmiente lo que Dios enseña. Todo aquello que antepone el nombre de Dios de manera explícita o simulada para decir una mentira como verdad en el nombre de Dios, lleva la premisa de estar tomando el nombre de Dios en vano; es decir, se juega literalmente con la palabra de Dios y con su nombre para conseguir interés personal.
Un ejemplo de tomar el nombre de Dios sin la seriedad debida se encuentra en el libro de los Hechos: la experiencia del matrimonio formado por Ananías y Safira. Ellos habían vendido una propiedad y llevaron el costo de la misma a los apóstoles. La pareja había acordado mentir a los apóstoles diciendo que la habían vendido en menor cantidad, pensando que podrían burlar a Dios y a los discípulos. El castigo de Dios por la mentira dicha fue la muerte instantánea de Ananías y cuando la esposa refrendó la mentira como verdad, sin saber lo que le había pasado a su esposo, también murió.
Mi querido amigo, ¿te puedes imaginar qué pasaría si Dios actuara hoy igual que antes? ¿Cuántas personas morirían por aseverar una verdad que delante de Dios es mentira? Incluso algunos se atreven a pronunciar juramento muy a la ligera en el nombre de Dios para mantener su mentira:
Dios está viendo que estoy diciendo la verdad, pero la realidad es que no es así. Piensa cuántas veces has defraudado a Dios mintiendo o jugando con su nombre; medita en lo que el mandamiento te manda hoy. ¡Considéralo santo, respetable, honorable y sagrado! Cada vez que esté Dios de por medio en tus relaciones y delante del mundo, hónralo y engrandece su nombre viviendo y diciendo lo que es correcto ante su presencia, porque todo es por su gracia.
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Tomado de la: Lectura Devocional para Adultos 2026
«POR SU GRACIA»
Por: Isaías Espinoza
Colaboradores: Nesthor Caraballo y Esther Peláez
