«Yo no busco la aprobación de los hombres, sino la aprobación de Dios» (Gálatas 1:10).
«¡Bang!». «¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!». La guerra había llegado a la aldea donde Gladys Aylward vivía con los niños que había adoptado. ¿Y ahora qué harían? Los chinos y los japoneses tenían sangrientos combates cerca de la misión, por lo que no quedaba otro remedio que salir huyendo para salvar la vida. Había que irse a las montañas a buscar refugio.
Días después, la misión había sido bombardeada y destruida, y Gladys sobrevivía rodeada de niños en las montañas. Era tan difícil hallar para comer, que decidió atravesar el río Amarillo para llegar a otra aldea a buscar ayuda. Cuando las gentes del lugar la vieron llegar con tantos niños hambrientos y sucios, les abrieron las puertas. Poco después, Gladys cayó enferma, pero, gracias a Dios, sanó por completo.
«Señora Aylward, ¿se arrepiente de haber venido a China?», tal vez le preguntó un niño al ver cuántas pruebas había superado y cuántos niños tenía que cuidar. Pero ella no solo no se arrepentía, sino que sentía que cada uno de sus niños era una bendición. Y el privilegio de predicar a Jesús le llenaba el corazón de gozo.
Y a ti, ¿qué cosas te llenan el corazón de gozo?
El héroe se goza en hacer aquello que Jesús aprueba.
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Tomado de la: Lectura Devocional para Menores 2026.
“HÉROES Y VILLANOS”
Por: «RAÚL LOZANO»
Colaboradores:Lisseth Orduz y Claudia Escamilla.
