sábado , 24 octubre 2026
Matinal De Adultos 2026

No codicies

 

 

No codiciarás la casa de tu prójimo: no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo (Éxodo 20: 17).

Vio la mujer que el árbol era […] codiciable para alcanzar la sabiduría (Génesis 3: 6). A través del engaño, Eva llegó a la conclusión de que el fruto del árbol era codiciable para alcanzar algo que ella anhelaba.

El deseo apasionado de algo que no se tiene te lleva a codiciar. Por supuesto, la codicia está asociada con el egoísmo, pues una persona que quiere gratificarse a sí misma no mide los peligros con tal de satisfacer sus deseos. La codicia le hace perder la cordura, pero sin ese elemento la conducta de tal persona no sería desenfrenada. Cuando la codicia hace presa a alguien, este reacciona solo cuando tiene que enfrentar las consecuencias y se pregunta: ¿Por qué lo hice?. Demasiado tarde, la codicia lo llevó al pecado.

Un ejemplo de la codicia y sus consecuencias se encuentra en el rey David. Como rey tenía todo lo que un hombre pudiera desear, pero no se conformó con lo suyo, sino que deseó a la mujer de su prójimo, la miró, la deseó y no paró hasta saciar su deseo de poseerla para después enfrentar un camino de amargura y tragedia. David no comprendió su necedad hasta que tuvo que enfrentar las consecuencias; nada pudo detenerlo porque se dejó seducir por la codicia. La Escritura dice que no hay que codiciar la casa, la mujer (o el hombre), el siervo, la criada ni cualquier otra cosa de otra persona.

La codicia nubla el juicio y hace perder la cordura. Te hace actuar como un prisionero, como una persona que está atrapada por ella y que no es feliz. Nada la llena hasta tener eso prohibido que tanto anhela. Lo trágico es que una vez que lo obtiene se da cuenta de que esto tampoco la hace feliz, con la diferencia de que ahora debe enfrentar las consecuencias. Solo Jesús puede llenar el alma, el gran vacío de la existencia que solo puede ser llenado por el Autor de la felicidad. La codicia solo lo empeora; así que, ¿quieres pedirle a Dios que te ayude a no ser codicioso? Ven a Jesús, porque todo es por su gracia.

 

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Tomado de la: Lectura Devocional para Adultos 2026
«POR SU GRACIA»
Por:  Isaías  Espinoza
Colaboradores: Nesthor Caraballo  y Esther Peláez

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