Moisés era un hombre inteligente. En la providencia de Dios, se le dio la oportunidad de capacitarse para una gran obra. Fue cabalmente educado como general. Cuando marchaba para hacer frente al enemigo, tenía éxito; y al volver de la batalla todo el ejército, le cantaba alabanzas. A pesar de esto, constantemente recordaba que mediante él Dios se proponía librar a los hijos de Israel (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 1, p. 1113).
La fortaleza de Moisés radicaba en su relación con la Fuente de todo poder, el Señor Dios de los ejércitos. Moisés se levantó muy por encima de todo atractivo terrenal y confió plenamente en Dios. Consideró que pertenecía al Señor. Mientras tuvo que ver con los intereses oficiales del rey de Egipto, estudió constantemente las leyes del gobierno de Dios, y así fue creciendo su fe. Esa fe resultó valiosa para él. Estaba profundamente arraigada en el terreno de sus primeras enseñanzas, y la cultura de su vida debía prepararlo para la gran obra de liberar a Israel de la opresión …
Después de dar muerte al egipcio comprendió que no había entendido el plan de Dios, y huyó de Egipto para convertirse en pastor de ovejas. Ya no pensaba realizar una gran obra, lo que le permitió alcanzar gran humildad; se disipó la bruma que nublaba su mente, y disciplinó su intelecto para buscar su refugio en Dios (El Cristo triunfante, p. 100).
La fe de Moisés lo condujo a mirar a las cosas que no se ven, las cuales son eternas. Abandonó los espléndidos atractivos de la vida en la corte porque allí estaba el pecado. Abandonó los aparentes bienes presentes que solo podían conducir a la ruina y la destrucción. Los verdaderos atractivos, los eternos, tenían gran valor para él. Los sacrificios de Moisés, en realidad, no eran sacrificios. Para él era cambiar unos bienes presentes de aspecto engañoso por otros seguros, elevados e inmortales.
Moisés soportó la reprensión de Cristo porque la consideraba una riqueza mayor que todos los tesoros de Egipto. Creyó lo que Dios había dicho y no cedió a las influencias que querían desviarlo de su integridad valiéndose de reproches mundanos. Anduvo en la tierra como un hombre de Dios libre. En su alma guardaba el amor de Cristo, el cual, además de convertirlo en un hombre digno, añadió el brillo de las verdaderas gracias cristianas a la dignidad del hombre. Moisés anduvo por un peligroso y escarpado sendero. Sin embargo, miró las cosas invisibles y no flaqueó. Para él la recompensa era atractiva. También puede serlo para nosotros. Él estaba familiarizado con Dios.
Ante ustedes tienen la tarea de mejorar el resto de su vida reformando y elevando el carácter. Con la renovación del alma empieza una nueva vida. Cristo es el Salvador eterno. Aquello que pueda ser visto como dificil de abandonar se rendirá. Las palabras altivas y dictatoriales no serán dichas y así se obtendrá una preciosa victoria. La verdadera felicidad será el resultado de todas las negaciones y todas las crucifixiones del yo. Una vez que se ha obtenido una victoria, la siguiente es más fácil de conseguir. Si Moisés hubiera desaprovechado las oportunidades y los privilegios que Dios le prometía, habría desaprovechado la luz celestial y se habría convertido en un hombre vencido y miserable… El hombre tiene la luz y las oportunidades; si las aprovecha, vencerá. Mediante su vida pueden mostrar el poder vencedor de la gracia de Dios (Testimonios para la iglesia, t. 4, pp. 338, 339).
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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2023.
1re. Trimestre 2023 «ADMINISTRAR PARA EL SEÑOR… HASTA QUE ÉL VENGA»
Lección 6: «”ACUMULEN TESOROS EN EL CIELO”»
Colaboradores: Ana Hironymus & Esther Jiménez
