«He guardado tus palabras en mi corazón para no pecar contra ti» (Salmo 119: 11)

— ¿Tú tienes tu propia Biblia? ¿Una Biblia en español?
—Por supuesto —respondió Alondra.
— ¡No te creo!
—Claro que sí. Y te voy a regalar una a ti.
— ¡¿En serio?! —dijo Flora abriendo nuevamente los ojos.
—Sí —aseguró Alondra.
Flora no podía creer lo afortunada que era. Antes de salir de El Salvador, Flora se había propuesto no regresar a su país hasta tener su propia Biblia. En El Salvador, Flora nunca había tenido la esperanza de tener tan preciado tesoro. Los pocos pesos que ganaba, apenas le alcanzaban para comida.
El apetito de Flora por la Palabra de Dios lo había despertado un maestro suplente de la escuela católica a la que ella asistía. Los versículos que el maestro había compartido en secreto con sus alumnas habían hecho que Flora deseara aprender más de la Biblia. Cuando le pidió una Biblia al maestro, este movió tristemente la cabeza: «Lo siento, Flora, pero las Biblias son caras y no tengo dinero para comprarte una». Ahora, años después y a muchos kilómetros de su país, le estaban ofreciendo una Biblia de regalo.
Noemí y Alondra cumplieron su promesa y le regalaron una Biblia en español a Flora. Flora estaba ansiosa de llegar a su casa para leerla. Pronto comenzó a descubrir los tesoros escondidos entre las tapas de aquel libro. Aunque ya ha leído la Biblia muchas veces desde que la recibió, las promesas que Flora encuentra entre sus páginas adquieren cada vez más significado con el paso de los años.
Tomado de: Lecturas devocionales para Menores 2014
“En la cima”
Por: Kay D. Rizzo