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«Tan compasivo es el Señor con los que le temen como lo es un padre
con sus hijos» (Salmo 103: 13, NVI).

Agradecidos por estar vivos, los Fong se adaptaron a los cambios económicos, a los toques de queda y a las nuevas leyes. Bueno, a todas menos a una. Había una nueva ley que les preocupaba enormemente: todos los varones mayores de doce años debían hacer el servicio militar. Esta ley no afectaba de manera directa al señor Fong, pues era mayor, pero sí afectaba a su único hijo varón.
Los esposos Fong sabían lo que les ocurría a los reclutas. Les ordenaban arrastrarse a través de túneles muy largos y angostos, y encontrar y desactivar bombas y minas dejadas en el terreno por el ejército estadounidense. Si estos jóvenes lograban regresar a sus hogares tras el servicio militar, generalmente lo hacían sin un brazo o una pierna.
Que algo así pudiera ocurrirle a su hijo atormentaba al señor Fong. A medida que se acercaba la hora de que su hijo se alistara, la preocupación del padre aumentaba. Aquel hombre budista decidió que no podía quedarse esperando sin hacer nada. Debía actuar.
Al ver fotos de personas de otros países y culturas, ¿te has preguntado si sienten lo mismo que tú? Es decir, si aman como tú, o sufren como tú. La historia de la familia Fong nos recuerda que la preocupación por los seres amados es universal. Nuestro Creador inculcó en los corazones de todos los seres humanos, sean budistas, cristianos, musulmanes, hinduistas, chinos, franceses o libaneses, el sentimiento de compasión. Solo el pecado puede destruir el amor y la compasión naturales.
(Continuará…)
Tomado de: Lecturas devocionales para Menores 2014
“En la cima”
Por: Kay D. Rizzo