viernes , 2 octubre 2026
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Matinal De Damas 2026

Maniobras arriesgadas de una madre piadosa

 

 

 

Hijo mío, escúchame bien y haz lo que te mando

(Génesis 27: 8)

Rebeca es una de las mujeres más interesantes de la Biblia. Pura, bella, amable y responsable son adjetivos que la describen. Elegida para ser esposa de Isaac, tuvo mucho coraje para salir de su entorno familiar y de la proximidad de sus amigos, para irse rumbo a lo desconocido, a encontrarse con un esposo al que nunca había visto y el cual ella creía que le había sido dado por Dios.

El matrimonio monogámico de Isaac y Rebeca está marcado por el afecto. Ambos se amaban. Como ella era estéril, Rebeca fue el motivo de las constantes oraciones de Isaac, hasta que, años más tarde, Dios la hizo madre de los mellizos Esaú y Jacob.

Aun cuando Dios había prometido que Jacob recibiría la bendición de la primogenitura, Isaac seguía teniendo la intención de dársela a Esaú. Pero Rebeca sabía que su hijo favorito, Jacob, era el que debía recibirla, puesto que Esaú era indiferente a sus obligaciones espirituales.

Isaac, envejecido, ciego y temiendo morir pronto, decidió conceder en secreto la bendición a su primogénito, por lo que le pidió a Esaú que fuera al campo a cazar algo para hacerle un guisado sabroso y bendecirlo. Rebeca, convencida de que eso contrariaba los propósitos divinos, decidió tomar el caso en sus manos. Y pasó a la acción.

Nada más Esaú salió al campo, Rebeca le propuso un plan a Jacob, que se sintió angustiado con la idea de engañar a su padre. Terminó obteniendo, por medio del fraude, la codiciada bendición. Rebeca, en lugar de confiar en Dios, manifestó su falta de fe al convencer a Jacob de que había que engañar a su padre. La conducta del joven en este asunto no recibió la aprobación de Dios. Rebeca y Jacob debieran haber esperado que el Señor llevara a cabo sus propósitos a su manera y a su tiempo, en lugar de tratar de cumplir la profecía valiéndose de una mentira (Elena G. de White, La historia de la redención, cap. 12, pág. 76).

Aun cuando madre e hijo fueron exitosos en su propósito, amargos recuerdos marcaron los siguientes años de la vida de Rebeca. Por el insensato consejo que le dio a su hijo, nunca más volvieron a verse, porque Jacob tuvo que huir de la furia de su hermano…

Cuando Dios promete algo, lo cumple, sin importar las circunstancias. Que las maniobras de Rebeca para la realización de los planes de Dios te sirvan de advertencia cuando intentes justificar acciones equivocadas que excluyan la confianza en Dios. Lo mejor es esperar siempre los tiempos del Señor.

 

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Tomado de la: Lectura Devocional para Damas 2026
«SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Esther Peláez

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