Los mineros de la esperanza

«Pero yo he puesto mi esperanza en el Señor; yo espero en el Dios de mi salvación. iMi Dios me escuchará!». Miqueas 7: 7, NVI

CUANDO MIRAMOS EL ESTADO ACTUAL DE LA SOCIEDAD, de la familia, O de nuestra propia vida, nos cuesta creer que aún tengamos esperanza. El poeta irlandés Oli- ver Goldsmith resalta lo que la esperanza puede generar en nosotros: «La esperanza, cual reluciente luz de vela, adorna y alegra el camino. De esta manera, cuanto más oscura se vuelve la noche, emite más fulgurante brillo». Cuando se nos apaga la luz de la esperanza, quedamos a oscuras y contagiamos con lobreguez todo lo que tocamos. Humanamente, somos incapaces de volver a encender esa llama en nosotros. La única opción que tenemos es recibirla de Dios.

Esperar en Dios cambia de manera radical nuestras perspectivas. La suya no es una esperanza vana ni de miras cortas. El apóstol Pablo afirma: «Si solamente para esta vida esperamos en Cristo, somos los más dignos de lástima de todos los hombres» (1 Corintios 15: 19). No, no esperemos en esta vida, sino en el más allá: «En la esperanza de la vida eterna. Dios, que no miente, prometió esta vida desde antes del principio de los siglos» (Tito 1: 2).

En 20 IO treinta y tres mineros estuvieron atrapados durante setenta días en la mina San José, en Chile, a una profundidad de setecientos metros. A pesar de su terrible situación, nunca perdieron la esperanza de ser rescatados, de salir de esa gran oscuridad, de ver de nuevo a sus familiares. Esa esperanza los mantuvo con vida hasta el día de su liberación. Mientras estaban allí, la esposa de uno de ellos dio a luz a una niña, y la llamó Esperanza.

A través de un tubo, los mineros recibieron una Biblia. La lectura de las promesas divinas registradas en las Escrituras alimentó su confianza. Finalmente, el 13 de octubre

fueron rescatados en medio de lágrimas de alegría. La paz regresó a sus corazones.

En el versículo de hoy, el profeta Miqueas nos dice que descansaba seguro porque había puesto su esperanza en el Dios de su salvación. Oremos para que hoy Dios siga afirmando nuestra esperanza en él.

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Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2018
“Fuentes De Vida¨
Por: David Javier Pérez

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