Recuérdese que se celebra la Navidad en conmemoración del nacimiento del Redentor del mundo. Generalmente se celebra este día con festejos y glotonería. Se gastan grandes sumas de dinero en una innecesaria complacencia propia. Se da rienda suelta a los apetitos y placeres sensuales a expensas del poder físico, mental y moral. Sin embargo, esto ha llegado a ser un hábito. El orgullo, la moda, la satisfacción del paladar han consumido inmensas sumas de dinero que en realidad no han beneficiado a nadie, sino que han estimulado una prodigalidad de medios que desagrada a Dios.
Se vive en estos días glorificando al yo antes que a Dios. Se ha sacrificado la salud, se ha dado al dinero un uso que es peor que tirarlo, muchos han perdido la vida por sus excesos en el comer o por una disipación envilecedora, y se han perdido almas por esta causa.
Dios sería glorificado si sus hijos disfrutasen de un régimen alimenticio sencillo y usasen los medios que les han sido confiados, para traer a su tesorería ofrendas pequeñas y grandes, que serían usadas para enviar la luz de la verdad a las almas que se hallan en la oscuridad del error. Los corazones de las viudas y huérfanos pueden ser alegrados por los regalos que aumenten su comodidad y satisfagan su hambre
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Libro Mensaje Para los Jóvenes
Sección 10—LA MAYORDOMÍA —capítulo 103
Por: Elena G De White
Colaboradores: Liseth Orduz & América Lara
