«¡Qué maravilloso es tu amor, oh Dios! ¡Bajo tus alas, los hombres buscan protección!» (Salmos 36: 7).
Las luces del faro misterioso que veían los viajeros en la noche eran del pequeño centro de salud de la isla que solo opera unas horas del día. Pero ¿por qué habían quedado encendidas toda la noche? Nadie lo supo. Ahora estaba claro que, de perder la isla de Nemto ubicada hacia el noroeste, solo habría dos posibilidades: la más afortunada que el mar los arrastrara hacia el occidente poco más de 350 km hasta topar con la isla de Manus; la peor, que viraran al oriente para quedar perdidos en el inmenso océano Pacífico.
Es de admirar que el grupo mantenía la calma. Así lo fue durante toda esta travesía y ahora estaban más animados quizás por el hecho de tener una isla enfrente. Llegar hasta Nemto les tomaría otras seis horas remando. Los lancheros estaban literalmente exhaustos después de casi 12 horas a la deriva. Ya no tenían más fuerzas, pero las ganas de vivir los mantuvieron remando hasta acercarse a la playa.
La tripulación hizo señas con alguna prenda de vestir para que los lugareños vieran desde la orilla que necesitaban ayuda. Desde donde estaban, todavía no alcanzaban a ver si había gente en la playa o no. Poco tiempo después y tras ser vistos por algunos hombres, una pequeña canoa vino a su encuentro y supieron lo que había sucedido. Los hombres de la canoa regresaron a la isla y volvieron trayendo agua para beber y cocos de las palmas cercanas. Los rescatados bebieron el agua con gusto y recuperaron las fuerzas y la esperanza. Los hombres que vinieron a ayudar no tenían motor en su canoa, así que solo los guiaron hacia tierra yendo adelante de la lancha averiada. Era mediodía cuando estaban atracando en la playa de Nemto.
«Ustedes son afortunados», dijo ya en la playa uno de los hombres que fueron a alcanzar a la familia de Venareth al mar. «Justo anoche hubo una fuerte corriente marítima con olas que bien podrían haberlos arrastrado hacia la dirección incorrecta». Los rescatistas explicaron que no hay gente viviendo permanentemente en la isla a la que llegaron. Las personas van a esa isla para cultivar la tierra. Fue mientras los agricultores estaban trabajando que los divisaron a la distancia y se hicieron a la mar para ayudar. El pequeño dispensario médico cuyas luces fueron su guía no tiene presencia permanente. Aún no entendían por qué las luces quedaron encendidas si la gente no vivía ahí.
www.meditacionesdiarias.com
https://www.facebook.com/meditacionesdiariass
https://play.google.com/store/apps/details?id=com.meditacionesdiarias.mobile
Tomado de la: Lectura Devocional para Menores 2026.
«HÉROES Y VILLANOS»
Por: RAÚL LOZANO
Colaboradores: Lisa Sam y Claudia Escamilla
