lunes , 2 noviembre 2026
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Matinal de Menores 2026

Los héroes recuperan el entusiasmo

«Aunque ruja el mar y se agiten sus olas, aunque tiemblen los montes a causa de su furia» (Salmos 46: 3).
Charly instruyó a Frederick para que mantuviera el rumbo conservando la estrella a su lado y la luz desconocida apuntando hacia el frente. En el momento que la luz se perdiera de vista, pasarían de largo la isla y quedarían a la deriva en el mar. Felizmente, esa noche el mar estaba en plena calma, sin viento ni olas. El océano parecía una inmensa y oscura piscina.
Era medianoche y Charly y su hijo siguieron remando hasta las cuatro de la mañana guiados solo por la estrella y la luz que divisaban a la distancia. Entonces, los lancheros despertaron y retomaron los remos. Ellos también estaban hambrientos y cansados por la falta de alimento. Nadie había pensado que el recorrido se extendería tanto. A esas alturas, aunque despiertos, los lancheros no remaban con la intensidad inicial. Sus movimientos eran tan lentos que parecían más bien dirigir el rumbo de la lancha mientras esta flotaba a la deriva, pero no perdían las esperanzas de dar con la costa marina de alguna isla.
Eran quizás las cinco o cinco y media de la mañana y el amanecer los alcanzó en el mar. Pronto el sol lo iluminó todo. Venareth y el resto del grupo pudieron mirar la costa a la distancia y ella pensó para sí: «¿Y qué si lo que se ve no es una isla? Estos hombres han estado remando toda la noche. Quizás nuestra isla ha quedado atrás y ni siquiera lo sabemos. Solo Dios sabe a dónde llegaremos».
A medida que el sol aclaraba el horizonte, se preguntaban si lo que veían a la distancia era una isla en realidad o sería algún objeto que, como ellos, también flotaba a la deriva. El entusiasmo inicial empezó a decaer ante la triste posibilidad de estar frente a un espejismo debido al cansancio y a la falta de alimentos.
Al avanzar más, qué gusto fue confirmar que lo que veían sí era una isla. Todos dieron gritos de alegría con expresiones de gratitud a Dios. La isla era Nemto, la penúltima isla del archipiélago San Matías en el mar de Bismarck, antes de llegar a Mussau, la isla más al norte. Los Khia ya habían oído de esa isla antes. A veces, cuando el tiempo hace las aguas innavegables, la gente se queda en esa isla esperando a que pase el temporal. Para fortuna suya, no estaban perdidos, pero tampoco estaban en su isla. Faltaba algo más que hacer.

 

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 Tomado de la: Lectura Devocional para Menores 2026.
«HÉROES Y VILLANOS»
Por: RAÚL LOZANO
Colaboradores: Lisa Sam y Claudia Escamilla

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