«Yo soy el Señor tu Dios, Dios celoso» (Éxodo 20:5).
Isabel I de Inglaterra fue una buena reina, pero cuando llevaba años en el trono tuvo un problema: se volvió celosa. Sí, a pesar de que era una mujer poderosa, y que siempre había sido linda, cuando se hizo mayor se sintió insegura. Había en la corte mujeres más bellas y jóvenes que ella.
Isabel I trató de parecer joven en su forma de vestir y de maquillarse, pero no era suficiente. Y lo mós triste es que empezó a tratar mal a las mujeres de la corte, gritándoles y a veces lanzándoles cosas. ¡lncluso le rompió un dedo a una!
Dice la Biblia que Dios es celoso, pero los celos que sentimos las personas son diferentes a los que siente Dios. Los celos humanos son envidia porque no queremos que nadie sea mejor, más lindo, más, inteligente, ni más exitoso que nosotros. Sin embargo, Dios no siente envidia, porque no hay nada que no tenga o en lo que alguien sea superior a él.
Dios es celoso de lo que le pertenece: nuestra adoración y nuestra lealtad. Por eso, no dejes de honrarlo y alabarlo siempre. Nada ni nadie puede ser más importante que Dios.
Tomado de: Lecturas Devocionales para Menores 2026.
“HEROES Y VILLANOS”
Por: «RAÚL LOZANO»
Colaboradores: Liseth Orduz y Karla González
Para Más Meditaciones Visita:
www.meditacionesdiarias.com
