miércoles , 28 octubre 2026
Lección E. Sabática Universitarios 2019

Logos – Una unión de tres

Un vínculo muy sólido (Cant. 8: 6-7; Juan 17: 3; Rom. 8: 1-14; 1 Cor. 8: 3)

Algunas estadísticas afirman que más del 70% de los matrimonios terminan en divorcio. Esto plantea la pregunta: ¿Por qué? Obviamente, hay muchos factores, e incluso si el divorcio no se concreta, muchas fuerzas siguen tratando de destruir esa preciosa unión. He aprendido que cuando Satanás no puede destruir algo, trata de corromperlo. El matrimonio ha sido el núcleo y la base de la sociedad desde que se creó dicho vínculo. Consiste en una unión entre tres personas: Dios en la parte superior y el esposo y la esposa en la parte inferior. Cuando es así, el matrimonio es un vínculo muy sólido. Si este es el caso, y si el matrimonio es tan importante, ¿por qué este tema pasa a menudo desapercibido? Muchas veces no hablamos lo suficiente del matrimonio y la sexualidad en el entorno de nuestra iglesia. Es crucial que consideremos este tema desde un punto de vista bíblico, porque los jóvenes están siendo bombardeados con mensajes falsos que les resultan muy atractivos.

Un abandono justo a tiempo (Sal. 63: 1; 1 Cor. 6: 19-20; 2 Cor. 10: 5)

A los jóvenes nos cuesta comprender que la intimidad sexual deba ir ligada al matrimonio. La sociedad nos bombardea a través de la cultura popular y de las redes sociales con la idea de que no necesitamos comprometernos con otra persona para acostarnos con ella. También nos hace creer que está bien que hagamos lo que que-ramos cuando queramos porque hay que ser felices. Hemos aceptado este mensaje erróneo porque aún no hemos encontrado en Jesús nuestra intimidad e identidad; si no sabemos quiénes somos ni quiénes debemos ser, qué más nos da con quién nos acostemos. Es vital que tengamos una relación con nuestro Creador antes de unirnos a otra persona. Si dos personas con problemas se unen esperando completarse mutuamente o llenar sus vacíos, quedarán siempre decepcionadas porque Dios es el único que verdaderamente puede completarnos y satisfacer los deseos de nuestro corazón. Él nos creó y por eso nos conoce mejor que nadie. Únicamente cuando hayamos entregado a Dios nuestros corazones por entero y hayamos decidido crecer a su imagen podremos vincular nuestras vidas en matrimonio a otra persona. El matrimonio es una hermosa institución establecida por Dios. Cuando permitimos que el Creador intervenga para llenar nuestros vacíos, el matrimonio puede ser verdaderamente una bendición y continuar siendo una luz para quienes nos rodean.

La expresión del amor (Cant. 1: 2, 13; 2: 6; 4: 7-5: 1; 5: 10-16; 1 Cor. 7: 3-5)

El libro de Cantares es muy descriptivo respecto a la intimidad compartida entre el Amado y la Sulamita. La Biblia incluye este libro para mostrarnos en qué consiste la intimidad sexual en el contexto del matrimonio: hay libertad para expresar el amor por la otra persona, así como una entrega completa y sin pudores. La forma más elevada de intimidad humana. es la que se comparte entre los esposos, por eso es un buen referente de la intimidad que podemos experimentar con el Creador. A menudo nos sentimos incómodos al leer esos detalles, especialmente porque el contexto cultural no se ajusta a las descripciones que emplearíamos nosotros hoy; pero, en cualquier caso, esos detalles ofrecen una bella imagen del matrimonio.

La forma más elevada de intimidad humana es la que se comparte entre los esposos.

El deseo de Dios siempre ha sido que el matrimonio y la intimidad se disfruten y que experimentemos placer en esa relación: «Por eso el hombre deja a su padre y a su madre para unirse a su esposa, y los dos llegan a ser como una sola persona» (Gen. 2: 24). Cuando dos personas experimentan una intimidad sexual fuera de los límites del matrimonio y después se separan, es como si una parte de ellas se la arrebatara la otra persona, porque han probado una unión que solo debería darse en el matrimonio. Debido a que vivimos en un mundo de pecado, quizá hemos probado ya esa intimidad sexual; quizás hemos ido en contra de lo que sabemos es correcto; quizás estamos ahora descubriendo el enfoque bíblico del matrimonio y preguntándonos si hay esperanza para nosotros de una restauración.

Resguardando el don del Creador (Sal. 103: 12; Isa. 55: 7; Juan 8: 11; 1 Cor. 6: 19- 20; 1 Tes. 5: 23-24; 1 Juan 1: 9)

Lo que sí sé es que Dios es fiel y puede restaurarnos si tomamos la decisión de cambiar. ¡Dios puede renovarnos, por eso no tenemos que perder la esperanza! Si hemos tenido un matrimonio fallido, hemos tenido intimidad sexual fuera del matrimonio, o queremos dejar de tener sentimientos de vergüenza dentro del matrimonio en lo que respecta a la intimidad sexual por causa de un oscuro pasado, Dios puede restaurar y sanar nuestros corazones heridos si acudimos a sus pies con los despojos de lo que pudo haber sido. Si enfrentamos la vergüenza y la culpa, él puede tomar esos sentimientos y lanzarlos tan lejos como está «el oriente del occidente» (Sal. 103: 12). Si estamos luchando contra nuestros pecados y sabemos que tenemos que cambiar porque estamos sintiendo la condena, él nos dice: «Vete y no vuelvas a pecar» (luan 8: 11). El hecho es que él no nos condena y desea que vivamos una vida de santidad y plenitud.

Cualquiera que sea nuestra situación, hay esperanza porque servimos a un Dios que se preocupa por nosotros y que creó muchas cosas hermosas para que las disfrutemos, incluyendo el don de la intimidad sexual en nuestro matrimonio. Mientras estudiamos los temas de esta semana y seguimos creciendo en este sentido, podemos recordar que «el que nos llama es fiel, y cumplirá todo esto» (1 Tes. 5: 24).

PARA COMENTAR

  1. ¿En qué formas ha distorsionado la sociedad mi concepto de la intimidad sexual?
  2. ¿Qué aspectos de mi vida no le he revelado plenamente a Dios, impidiendo así que nuestra intimidad sea total?

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Lección de Escuela Sabática Para Jovenes Universitarios 2019.
2do trimestre 2019 “Estaciones de la vida”
Lección 6: «La cancion de amo de un rey«
Colaboradores: Israel Esparza & Misael Morillo

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