El mundo entero estuvo atento a la boda entre el príncipe Enrique de Inglaterra y Meghan Markle, celebrada el 19 de mayo de 2018 en la capilla Saint George del castillo de Windsor. Los corazones de muchos fueron impactados por la música que llenó el recinto, el extraordinario ambiente de la ceremonia y, desde luego, por el afecto entre la pareja recién casada. Mientras el príncipe Enrique y Meghan intercambiaban sus votos a la vista de millones de televidentes, sellaron un acuerdo ante Dios ele por vida para amarse y cuidarse mutuamente.
El matrimonio es un hermoso don concedido a la humanidad por el Creador. Con él vienen dificultades y bendiciones por igual. Cuando se lo mantiene en su contexto apropiado, es una profunda expresión de amor. Sin embargo, conceptos erróneos han llevado a la gente a creer que la Biblia está en contra del sexo. La Palabra de Dios no está opuesta al sexo, sino al mal uso de este precioso don. De hecho, Cantares describe una relación entre una joven novia Sulamita y su amado, que se cree que es el rey Salomón. Este libro de la Biblia expresa la belleza de un amor conyugal entre la pareja (Cant. 4: 1-7; 4: 16; 7: 1-9).
Lamentablemente, el mal uso de este don ha llevado a mucha gente a caer en la trampa del diablo. La impureza sexual de esta generación se publica por todas partes (en la televisión, en las redes sociales, en las vallas publicitarias y la música). El apóstol Pablo nos insta a «demoler argumentos y toda pretensión que se oponga al conocimiento de Dios» (2 Cor. 10: 5). La impureza sexual obstaculiza y daña la imagen que Dios quería que la humanidad experimentara en el marco del matrimonio. Esta impureza sexual abre profundas heridas porque rompe relaciones y aumenta la carga ele angustia emocional que muchas personas experimentan.
Si permitimos que nuestros deseos y pasiones sean más importantes que el plan de Dios para nuestras vidas, podríamos vernos sumidos en estados de desesperación. Afortunadamente, tenemos un Salvador amoroso que puede redimirnos. Nos sentimos seguros sabiendo que «si confesamos nuestros pecados, podemos confiar en que Dios, que es justo, nos perdonará nuestros pecados y nos limpiará de toda maldad» (1 Juan 1: 9).
Nuestros cuerpos no son ‘nuestros (1 Cor. 6: 15-20). Cuando nos sometamos por completo a Dios, comprenderemos cómo expresar el amor verdadero dentro del contexto del matrimonio (1 Cor. 7: 3-5). Por lo tanto, humillemos las pasiones y los deseos lujuriosos de nuestros corazones y decidamos vivir por el Espíritu, enteramente en la pureza y en la verdad (Gál. 5: 24-26).
PARA COMENTAR
- ¿Cómo podemos permanecer puros viviendo en un mundo que se centra en satisfacer egoístamente los deseos y las pasiones sexuales?
- ¿Cómo podremos librarnos de los errores comunes que cometemos acerca del sexo y que nublan nuestra interpretación de la verdadera naturaleza del matrimonio?
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Lección de Escuela Sabática Para Jovenes Universitarios 2019.
2do trimestre 2019 “Estaciones de la vida”
Lección 6: «La cancion de amo de un rey«
Colaboradores: Israel Esparza & Misael Morillo
