Lo hizo porque te ama y quería cumplir su juramento a tus antepasados; por eso te rescató del poder del faraón, el rey de Egipto, y te sacó de la esclavitud con gran despliegue de fuerza. (Deuteronomio 7:8, 9, NVI).
Tim Keller presenció una conversación entre R. C. Sproul y J. Alec Motyer, el destacado especialista en Antiguo Testamento. Sproul estaba hablando ante un grupo de estudiantes de Teología sobre la relación entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, cuando el doctor Motyer le dijo: «Si le preguntas ‘¿quién eres?’ a un israelita que va de camino a Canaán tras haber salido del mar Rojo, te responderá: «Estuve sentenciado a muerte en una tierra extranjera, en servidumbre, pero me refugié en la sangre del cordero. Moisés nos guío, y ahora estamos de camino a la Tierra Prometida. Todavía no hemos llegado, pero Dios nos ha dado su ley para hacer de nosotros un pueblo. Y nos ha dado el Tabernáculo, porque hay que vivir de la gracia y del perdón. Y su presencia está en medio de nosotros, y se quedará con nosotros hasta que lleguemos a casa». Luego Motyer agregó: «Eso es exactamente lo que dice el cristiano, casi palabra por palabra.»
Moisés lo comprendió, y por eso le dijo a Israel: «El Señor se encariñó contigo y te eligió, aunque no eras el pueblo mas numeroso, sino el más insignificante de todos. Lo hizo porque te ama y quería cumplir su juramento a tus antepasados: por eso te rescató del poder del faraón, el rey de Egipto, y te sacó de la esclavitud con gran despliegue de fuerza” (Deuteronomio 7:7-9 NVI). Literalmente, Dios se «apegó” a Israel. La liberación de su pueblo fue un acto de gracia; su travesía hacia Canaán fue un acto de gracia; y su entrada a la Tierra Prometida fue un acto de gracia. Todo ocurrió sin mérito alguno de parte de los israelitas. El mérito radicó en un Dios que no dejó de cumplir lo que había prometido.
Como hizo con Israel, el Señor usará todo su poder para liberarnos del poder de Satanás y colocarnos en la ruta que nos llevará al cielo. Y lo hará, no porque haya virtud en nosotros, sino porque nos ama y porque cumplirá su juramento. Quizá seamos pequeños e insignificantes, pero Dios decidió encariñarse con nosotros y cubrirnos con su gracia.
«Estuve sentenciado a muerte en una tierra extranjera, en servidumbre, pero me refugié en la sangre del cordero. Moisés nos guío, y ahora estamos de camino a la Tierra Prometida. Todavía no hemos llegado, pero Dios nos ha dado su ley para hacer de nosotros un pueblo. Y nos ha dado el Tabernáculo, porque hay que vivir de la gracia y del perdón.
- Tim Keller, «Getting out» en Preachingtoday.com (consultado el 14 de febrero de 2022).
www.meditacionesdiarias.com
www.faceboock.com/meditacionesdiarias
https://play.google.com/store/apps/details id=com.meditacionesdiarias.mobile
Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2023
«YO ESTOY CONTIGO» Promesas Bíblicas para vivir confiado
Por: VLADIMIR POLANCO
Colaboradores: Silvia Garcia y Alexandra Pérez
