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Matinal Para Damas 2018

LECCIONES APRENDIDAS EN EL CONSULTORIO DEL DENTISTA

 

«Pero si confesamos nuestros pecados a Dios, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos  de toda maldad» (1 Juan 1:9).

 

Estaba en el consultorio del dentista. Hacía bastante tiempo que no iba, y estaba pagando por ello. Mientras trataba de pensar en otra cosa para distraerme del dolor, noté los paralelismos entre mi experiencia dental y el pecado en mi vida.

Sé que la analogía tiene sus limitaciones, pero piénsalo: la placa es como el pecado; se acumula. Si no haces algo al respecto, empeora. Antes de ir al dentista, pensé que mis dientes estaban bastante limpios; después de todo, me había cepillado y pasado hilo dental esa misma mañana. Pero mis dientes no estaban limpios; no realmente limpios. No, comparados con lo limpios que podrían estar. No había ido al dentista por un tiempo, así que había olvidado cómo se siente y se ve tener dientes limpios. Pensé que lo sabía, pero necesitaba un recordatorio. Soy igual con el pecado. Puedo pensar que soy una persona bastante buena; después de todo, no he matado a nadie, ni robado ni mentido. Pero los pecados «pequeños» pueden aparecer en mi vida sin que los note; pecados como el orgull0, el resentimiento o la ira. Si no los corto de raíz, comienzo a pensar que son normales. No veo la fealdad o el dolor que pueden causar.

Para continuar la analogía, puedo cepillarme y pasarme hilo dental, dos veces por día, pero igualmente necesito acudir al profesional para recibir una limpieza. 0, dicho de otra manera, puedo leer mi Biblia para aprender cómo ser el tipo de cristiana que Dios quiere que sea, y puedo orar cada día pidiéndole ayuda; pero cuando hay pecado, tengo que ir a recibir una limpieza. Necesito confesar mi pecado y pedir a Dios que me perdone, que quite el pecado de mi vida. Quizá no sea placentero; hasta puede ser doloroso. Cuanta más placa hay que quitar, más tiempo lleva y más doloroso es el proceso. Cuanto más tiempo permitas que el pecado crezca en tu vida, más difícil será erradicarlo y más doloroso puede ser el proceso.

Un paralelismo final: como he dicho, no había ido al dentista por algún tiempo y me sentía un poco avergonzada por eso. Pero en la consulta nadie me culpó, ni se negaron a ayudarme por eso. No te avergüences de ir a Dios con tu pecado y pedir perdón. Él no te culpará ni se negará a ayudarte. Estará feliz de que hayas acudido a él.

BOBCOCK-BLISS

tiene un máster en Biblioteconomía y vive en Hawái.

 

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#MeditacionesDiarias

Tomado de: Lecturas Devocionales para Damas 2018
“Bendecida”

 

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