Aunque los magos parecían producir ranas como Moisés y Aaron, no podían eliminarlas. Cuando el Faraón vio que los magos no podían detener la plaga ni eliminar las ranas, se sintió un poco humillado, y quiso que Moisés y Aarón suplicaran al Señor por él para que eliminan la plaga de las ranas. Empezaba a saber algo acerca de aquel Dios del que se declaraba totalmente ignorante. Moisés y Aaron le habían dicho al Faraón que ellos no producían las ranas por magia, ni por ningún poder que poseyeran; que Dios, el Dios viviente, las había hecho venir por su poder, y que solo él podía eliminarlas. Previamente, el Faraón se había jactado ante Moisés y Aarón, porque los magos podían con sus encantamientos hacer aparecer las mismas cosas. Cuando pidió a Moisés que suplicara al Señor por él, este le recordó su anterior altanería y jactancia a causa de las obras realizadas por sus magos; y preguntó al Faraón dónde estaba ahora su vanagloria, y dónde estaba el poder de aquellos magos para eliminar la plaga.
El Señor escuchó las súplicas de Moisés y detuvo la plaga de ranas. Cuando el rey se vio aliviado de su angustia inmediata, volvió a negarse obstinadamente a libertar a Israel. Moisés y Aarón, por orden del Señor, hicieron que el polvo de la tierra se convirtiera en piojos a lo largo de toda la tierra de Egipto. El faraón llamó a los magos para que se presentaran ante él para hacer lo mismo con sus encantamientos, pero no pudieron. Moisés y Aarón, los siervos de Dios, por orden suya, produjeron la plaga de los piojos. Los magos, siervos de Satanás, por mandato de este, procuraron producir lo mismo con sus encantamientos, pero no pudieron. La obra de Dios se mostró superior al poder de Satanás; pues los magos con sus encantamientos solo podían realizar unas pocas hazañas. Cuando los magos vieron que no podían producir los piojos, dijeron a Faraón: “Entonces los hechiceros dijeron a Faraón: Dedo de Dios es este. Mas el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó, como Jehová lo había dicho” (Spiritual Gifís, t. 3, pp. 208, 209).
Faraón llamó a los hechiceros para que obraran con sus encantamientos. También ellos realizaron señales y maravillas, porque Satanás vino en su ayuda para trabajar por medio de ellos. Sin embargo, aun en esto la obra de Dios resultó superior al poder de Satanás, porque los hechiceros no pudieron llevar a cabo todos los milagros que Dios había realizado mediante Moisés. Pudieron duplicar solamente algunos de ellos. Las varas de los hechiceros se convirtieron en serpientes, pero la vara de Aarón se comió a todas las demás. Después que los hechiceros procuraron producir piojos, pero fracasaron, fueron compelidos por el poder de Dios a reconocer lo siguiente: “Dedo de Dios es este”. Éxodo 8:19. Satanás obró mediante los hechiceros en una forma calculada para endurecer el corazón del tirano Faraón contra las milagrosas manifestaciones del poder de Dios. Satanás pensó hacer vacilar la fe de Moisés y Aarón en el origen divino de su misión, y entonces sus instrumentos los magos, prevalecerían. Satanás no estaba dispuesto a que el pueblo de Israel fuera liberado de la servidumbre egipcia, para que pudiera servir a Dios (Spiritual Gifí.s, t. 4, p. 82; parcialmente en Testimonios para la Iglesia, t. 1, p. 263).
Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
3er. Trimestre 2025 «EL EXODO: VIAJE A LA TIERRA PROMETIDA»
Lección 4: «LAS PLAGAS»
Colaboradores: Xiomara Moncada y Karla González
