EL REINO DE LA GRACIA
«Di a los hijos de Israel que marchen».
Éxodo 14: 15, RVA15
La historia de los hijos de Israel ha sido escrita para instrucción y admonición de todos los cristianos. Cuando los israelitas fueron sobrecogidos por peligros y dificultades, y el camino les parecía cerrado, su fe los abandonó y murmuraron contra el caudillo que Dios les había asignado. La orden divina era: «Que marchen». No tenían que esperar hasta que el camino les pareciese despejado y pudiesen comprender todo el plan de su libramiento. La causa de Dios ha de avanzar y él abrirá una senda delante de su pueblo.
Hay ocasiones en que la vida cristiana parece rodeada de peligros y el deber parece difícil de cumplir. La imaginación se figura que le espera una ruina inminente al frente, y detrás, la esclavitud y la muerte. Sin embargo, la voz de Dios habla claramente por encima de todos los desalientos y dice: « ¡Marchen!». Debemos obedecer a esta orden, fuere cual fuere el resultado, aun cuando nuestros ojos no puedan penetrar las tinieblas y sintamos las frías olas a nuestros pies.
Los que creen que les es imposible ceder a la voluntad de Dios y tener fe en sus promesas hasta que todo esté despejado y llano delante de ellos, no cederán nunca. La fe no es la certidumbre del conocimiento; «es la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven» (Heb. 11: 1) El obedecer a los mandamientos de Dios es la única manera de obtener su favor. «Marchen» debe ser el santo y seña del cristiano.— Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 29, 30, 31.
Es propósito de Dios que progresemos constantemente en conocimiento y virtud. Su ley es el eco de su propia voz, que hace a todos la invitación: «Suban más arriba, sean santos, sean aún más santos». Cada día podemos adelantar en cuanto a la perfección del carácter cristiano.— Obreros evangélicos, p. 290.
Poniendo nuestra confianza en Dios, debemos avanzar firmemente, hacer su obra con abnegación, confiar humildemente en él, entregamos a su providencia nosotros mismos y todo lo que concierne a nuestro presente y futuro, mantener firme el principio de nuestra confianza hasta el fin y recordar que recibimos las bendiciones del cielo, no porque las merezcamos, sino porque Cristo las merece y porque mediante la fe en él aceptamos la abundante gracia de Dios.—- Testimonios para la iglesia, t. 7, p. 107.
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
