lunes , 13 julio 2026
Matinal de Jóvenes 2026

Las dos coronas

«Así, cuando aparezca el Pastor supremo, ustedes recibirán la corona inmarcesible de gloria». 1 Pedro 5:4 NVI

Las coronas fueron utilizadas desde la antigüedad como símbolos de honor, poder y victoria. En los juegos olímpicos de la antigua Grecia, los vencedores recibían una corona hecha con ramas de laurel. En Roma, los generales conquistadores también recibían coronas hechas con esas hojas que hoy usamos como condimento. Los reyes y monarcas, por su parte, usaban hermosas coronas adornadas con oro y piedras preciosas.

Actualmente, existen varias coronas espléndidas en el mundo. En el Museo Imperial, ubicado en la ciudad de Petrópolis, en Río de Janeiro, Brasil, se encuentra la corona del emperador Pedro I de Brasil, que pesa 2.689 kilogramos y tiene 88 piedras preciosas. La corona de la emperatriz Ana de Rusia está adornada con 2,500 diamantes y rubíes.

Sin embargo, una de las coronas más famosas fue la de Isabel II, un ícono moderno de liderazgo y longevidad, quien fue coronada en 1953 con 25 años. La corona imperial inglesa fue hecha en 1937 para el rey Jorge VI y está adornada con 2,868 diamantes. En sus 70 años de reinado, Isabel II utilizó unos diez tipos de tiaras y coronas, de las cuales la corona del imperio era la principal.

¿Sabías que Dios tiene preparada para ti una corona mucho más especial que la de la reina Isabel II? Ellen G. White escribió que «quienes dediquen la vida a su servicio recibirán una recompensa que no tiene precio» (Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 609). En su segunda venida, Jesús dará una corona de gloria a cada salvo y marcará así el inicio de un reino eterno.

¿Quién tendrá el privilegio de recibir esa corona gloriosa? Jesús responde: «Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida» (Apoc. 2:10). Él también aconseja: «Yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona» (Apoc. 3:11).

Si hoy tenemos la esperanza de recibir una corona de gloria, es porque un día Jesús usó otra corona: no de oro ni de piedras preciosas, sino de espinas. Esa corona era nuestra; pero el Rey del universo intercambió el trono y la gloria por espinas y una cruz. ¿Qué le darás al Salvador en respuesta a tan gran amor?

«DIFERENTE»
POR: MILTON ANDRADE
Colaboradores: Isaí Cedano y Karla González

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