<<¡El mundo no merecía gente así! Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa»
Hebreos 11:38 , 39.
Catalina era apenas una niña cuando fue enviada a vivir a un convento, donde aprendió a leer en latín. Siendo apenas una adolescente, tomó los votos de monja
Después de varios años siendo monja, Catalina descubrió los escritos de un monje llamado Lutero, que despertaron su interés y su descontento con la vida conventual. Un día le dijo a su tía, también monja, que no tenía paz interior, ni quería confesarse con el cura. Poco después ella, junto con otras jóvenes monjas descontentas, lograron escaparse del convento con la ayuda de un comerciante seguidor de la Reforma. Saliendo por la ventana, las jóvenes se escondieron en el carro lleno de barriles de pescado que él había llevado para la cocinera del convento.
Catalina se casó posteriormente con Lutero, cuando tenía ella veintiséis años y él cuarenta y dos. Cuando nació su primer hijo, Juan, Lutero dijo: «Caty [como él la llamaba], ¡cuán enojado debe de estar Satanás! Él quería eliminarme, y ahora tengo una razón más para vivir enseñarle a este niño a seguir mis pasos».
En su juventud, Lutero había maltratado su cuerpo con crueles castigos y penitencias, por lo que, de adulto, tenía una salud muy débil, Catalina le daba alimentos sencillos y remedios naturales. Además, los problemas de la Iglesia recién reformada eran una constante preocupación para Lutero, y Catalina trataba de darle ánimo (aunque, a veces, en vano).
Cierta tarde, Lutêro encontró a su esposa vestida de negro. Entre lágrimas, ella le dijo, con ironía: «¿No sabes que Dios está muerto?» Lutero se rio, pero Catalina insistió: «Amado doctor, Dios está muerto, o, de lo contrario, no estarías tan desanimado. Siempre dices que nuestro Padre cuida de nosotros, pero tú no consigues sonreír ni comer». Lutero la abrazó y le dijo: «Dios te trajo a mí porque necesito a una mujer sabia!».
Viendo que su esposo estaba cada vez más cansado y sobrecargado, Catalina lo ayüdaba con paseos al aire libre y comida sana. Así renovaba él sus fuerzas. Poco después de haber pasado unos días agradables con su familia en Zülsdorf, Lutero fue llevado a una misión importante y allí falleció. Después de años de luchas, Catalina descansó también, pero uno de sus hijos ya era predicador; otro, médico.
Catalina de Bora fue fiel a sus convicciones y Dios le dio una misión especial en la vida. Si Dios te ha dado también a ti un compañero de vida, haz de él parte de tu misión también.
Con Dios tendrás grandes victorias.
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
