Cuando vio a las multitudes subió a la ladera de una montaña y se sentó. Sus discípulos se le acercaron»
Mateo 5:1.
Era julio. Yo estaba en lsrael, donde los termómetros pueden marcar más de 30 0 C en esa época del año. En la colina adyacente al mar de Galilea, el sol brillaba. Bajo la cubierta donde estábamos sentados, sentíamos el viento en el rostro y veíamos cómo movía las ramas de los árboles. Estábamos en el monte de las Bienaventuranzas, donde predicó Jesús su célebre sermón.
«Bienaventurados», dijo el Maestro; en hebreo antiguo ashré, que significa <<feliz>>, <<dichoso>>, <<afortunado>>, «bendito». Esta palabra aparecía en los salmos, y las personas que estaban aquel día escuchando a Jesús estaban familiarizadas con ella.
La señal de entrada al lugar decía <<Har Haóser», que significa «monte de la felicidad» en el hebreo moderno. Frente al lago azul, yo escuchaba el mensaje del pastor, mientras mis pensamientos volaban imaginándome a Jesús allí sentado, enseñando. Levantando los brazos, con voz firme y dulce, comienza este sermón con ocho frases cortas. Todos los oyentes se sorprenden ante semejantes conceptos del reino de los cielos y del carácter del Padre.
Felices los pobres en espíritu. ¡¿Cómo?! No lo entendieron. Jesús se refería a los que reconocen su carencia de Dios y, acto seguido, sienten la necesidad de buscarlo.
Felices los que lloran. ¡¿Los que lloran?!. Jesús se refería al llanto por los pecados, que genera arrepentimiento y cambio. Dios consuela ese llanto, con su perdón.
Felices los mansos. Es la mansedumbre de Cristo la que nos permite estar por encima de las críticas, el menosprecio y las decepciones cotidianas.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia. La justicia forma parte del caracter de Dios; quienes la anhelan son felices porque pueden tener la seguridad de que serán saciados.
Felices los misericordiosos. A pesar del sufrimiento, debemos aprender a ofrecer gracia y misericordia.
Felices los de limpio corazón. Uy, Jesús toca aquí un área sensible. Son las intenciones las que mueven a la acción. Asegúrate de que las tuyas sean limpias.
Felices los pacificadores. La venganza no resuelve nada. Los hijos de Dios promueven la paz y vencen el mal con el bien, el odio con el amor.
Felices los que padecen persecución. Se refiere a la persecución que es consecuencia de buscar la justicia y el amor de Jesús. Así seremos partícipes de sus sufrimientos. La recompensa será infinitas veces mayor que el sufrimiento.
¿Deseas ser feliz, dichosa, afortunada, bendita?. Permite que los principios del reino de Dios cambien tus prioridades en la vida.
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
