«¿TE GUSTARÍA RECUPERAR LA SALUD? […] ¡PONTE DE PIE […] Y ANDA!» (JUAN 5:6, 8).
¿Tienes una piscina en el patio de tu casa? ¿Sí? ¡Qué genial, disfrútala! ¿No tienes? Entonces, tal vez compartamos el mismo sueño, ¿cierto? Bueno, ¿qué te parece imaginar seis mil piscinas alineadas una al lado de la otra? No hace falta imaginarlo. Esa piscina existe y puede verse desde lo alto de uno de los condominios más famosos de Chile.
Estoy hablando de la piscina más grande del mundo. Si me viajas hasta Algarrobo, a poco más de 100 kilómetros de Santiago, la capital chilena, tienes que conocer este inmenso «casi mar» de agua azul cristalina. Esta piscina mide más de un kilómetro de largo —el equivalente a veinte piscinas olímpicas alineadas— y está situada entre una cadena de edificios lujosos y el océano Pacífico.
Es tan grande que los huéspedes no solo nadan, sino que también navegan en veleros o kayaks dentro de la piscina. ¡Incluso hay una balsa para cruzarla de un lado al otro! Hay muchísima agua, agua de mar, pero purificada y cristalina gracias a un sistema de filtrado impresionante.
La Biblia también habla de una gran piscina. ¿Recuerdas Betesda? Los arqueólogos creen que aquellos estanques medían hasta 150 metros de largo, mucho más pequeña que esta «piscinota» chilena, pero enorme para su época. La diferencia es que allí nadie jugaba ni reía. Todos buscaban una cura para volver a sonreír. Y Jesús fue hasta allí para cambiar la vida de un hombre que llevaba casi 14 mil días sin poder moverse.
Tú ya conoces la historia. Desde aquel sábado, ese exparalítico volvió a ver las piscinas como lugares de alegría y diversión.
Recuerda este milagro cada vez que veas una piscina. Si Cristo cambió la vida de un hombre postrado, ¿no podría mejorar también la tuya? No sé si hoy estás de buen humor o de pésimo humor, pero piensa en lo que Dios hizo a la orilla de aquella piscina.
Él prometió levantar a cualquiera que confíe sinceramente en él. Tus problemas más grandes no son más grandes que el Solucionador de problemas. Ni siquiera en la piscina más grande del mundo cabría todo el poder del Señor para ayudarte a que tu día sea fantástico.
¿Quieres invitarlo a que te ayude con lo que te preocupa o te ha desilusionado? Jesús te ama tanto que jamás permitirá que te quedes a la orilla de la verdadera felicidad. Confía en lo que él puede hacer y disfruta cada segundo de lo que viene.
Y ahora… ¿qué tal un buen chapuzón en la piscina?
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Tomado de la: Lectura Devocional de Adolescentes 2026
«LA VUELTA AL MUNDO EN 365 DÍAS»
Por: Odailson Fonseca
Colaboradores: Claudia Orellana y Claudia Escamilla
