La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús (Filipenses 2: 5)
En el libro de Proverbios vemos cinco motivos que hacen que un conflicto sea destructivo. Analicémoslos.
1. El orgullo. Proverbios 13: 10 dice que el orgullo solo genera contiendas. Por eso, antes de entrar en una contienda, piensa si la principal causa de la discordia es alimentar tu ego o defenderte de un ataque. Si es una cuestión de orgullo, detente.
Bien sea en el matrimonio o en las relaciones entre padres e hijos, algunas discusiones son motivadas por el orgullo, por eso, si se pusieran a un lado el orgullo y el egoísmo, cinco minutos bastarían para eliminar la mayoría de las dificultades (Elena G. de White, Primeros escritos, cap. 27, pág. 154).
2. La ira. De acuerdo con Proverbios 15: 18, el que es iracundo provoca contiendas; el que es paciente las apacigua. Normalmente nos llenamos de ira antes de iniciar una discusión. Y, a veces, esa ira ni siquiera está relacionada con la discusión en sí, sino con cuestiones anteriores no resueltas. Cuando sientas ira, detente.
3. Las palabras duras. Según Proverbios 15: 1, la respuesta amable calma la ira, pero la agresiva provoca el enojo. A veces basta una simple palabra áspera para comenzar una discusión, pues cónyuges, hermanos, padres, hijos y amigos saben cuáles son los puntos sensibles que pueden desestabilizar al otro. Necesitamos mantener siempre nuestras palabras bajo control, evitando conflictos innecesarios. Es importante reducir los momentos de tensión y solucionar los problemas.
4. Las reacciones impulsivas. En Proverbios 25: 8, Salomón dice: No lo lleves de inmediato al tribunal, pues ¿qué harás si a fin de cuentas tu prójimo te pone en vergüenza?. Gran parte de las discusiones se originan por actitudes impulsivas. Es sabio contar hasta diez, respirar hondo y dar una vuelta en vez de dar lugar a la impulsividad y arrepentirse después.
5. Interferir en los conflictos ajenos. Proverbios 26: 17 afirma: Meterse en pleitos ajenos es como agarrar por las orejas a un perro callejero. Cuando vemos a personas cercanas a nosotros enfrentando conflictos, tendemos a querer ayudarlas, pero no siempre es prudente interferir en conflictos ajenos. Lo prudente es conocer ambas versiones antes de intervenir o de tomar partido.
Sé sabia y virtuosa, y evita conflictos, discusiones e intrigas innecesarias. ¡Actúa como lo haría Jesús!
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Tomado de la: Lectura Devocional para Damas 2026
«SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Esther Peláez
