«Y después de cantar el himno, salieron al monte de los Olivos». Mateo 26:30
Aunque la Biblia no es un tratado sobre música, a lo largo de sus páginas utiliza varios términos referidos al tema y describe muchos contextos musicales. En Génesis 4:21 y 22, por ejemplo, leemos acerca de Jubal, el «padre de todos los que tocan arpa y flauta», y su prima Naama, cuyo nombre significa «melodiosa». En Éxodo 15 encontramos el cántico de Moisés, entonado por el pueblo de Israel después del cruce del mar Rojo. El libro de los Salmos, por su parte, es una verdadera colección musical, cantada a lo largo de los milenios en ocasiones de acción de gracias, alabanza, lamento y celebración.
Dios siempre ha utilizado la música para expresar las verdades más bellas. En la creación del mundo (Job 38:4-7), en el nacimiento del Mesías (Lucas 2:13, 14), en la entronización de Cristo en el cielo (Apocalipsis 5:9, 10) y en su segunda venida (Mateo 24:31), Dios utilizó y utilizará la música como “banda sonora” para presentar el espectáculo de la gracia. El mismo Jesús, cuando estuvo en la Tierra, mencionó más de cincuenta veces los Salmos, lo que da importancia artística y teológica a este libro.
¿Alguna vez te imaginaste escuchar a Jesús cantar? ¿Cómo será el timbre de la voz del Creador de la música? El apóstol Pablo atribuye a Cristo la ejecución del Salmo 22:22: «Anunciaré a mis hermanos tu nombre; en medio de la congregación te alabaré» (Hebreos 2:12). ¡Qué majestuoso debe ser escuchar a Jesús cantando en medio de la congregación de los salvos! En Romanos 15:9, Pablo presenta nuevamente a Jesús como cantante, ahora entonando un himno a los gentiles. Cita las palabras del Salmo 18:49: «Por tanto, te alabaré entre las naciones, Señor, y cantaré a tu nombre».
Sin embargo, la referencia bíblica más explícita ocurre en Mateo 26:30, que menciona que Jesús cantó un himno con sus discípulos antes de salir hacia el Getsemaní. Elena G. de White dice que «su voz fue oída, no en los acordes de alguna triste endecha, sino en las gozosas notas del cántico pascual (el Salmo 117)» (El Deseado de todas las gentes, p. 642).
¿Cómo pudo Cristo cantar minutos antes de sudar gotas de sangre? ¿Quién es capaz de alabar antes de sufrir una agonía indescriptible? El cántico de Jesús antes del Getsemaní nos enseña que la música es una poderosa herramienta de testimonio y sumisión a la voluntad de Dios.
¿Ya alabaste al Señor hoy?
«DIFERENTE»
POR: MILTON ANDRADE
Colaboradores: Isaí Cedano y Karla González
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