«Tengan una buena conciencia, para que sean avergonzados aquellos que murmuran y dicen que ustedes son malhechores,
y los calumnian por su buena conducta en Cristo. Es mejor que ustedes sufran por hacer el bien, si Dios así lo quiere, que por hacer el mal. Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios. En el cuerpo, Sufrió la muerte; pero en el espíritu fue vivificado». I Pedro 3: 16-18, RVC

DIOS ENTREGÓ A su HIJO a una vida de humillación, estrecheces y esfuerzo, y a ser odiado hasta una espantosa muerte por crucifixión. No había, sin embargo, ningún ángel que comunicara el gozoso mensaje: «Basta; no necesitas morir, mi muy amado Hijo». Legiones de ángeles aguardaban expectantes, esperando que, como en el caso de Isaac, Dios impidiera en el último momento su ignominiosa muerte. Pero no se les permitió llevar semejante mensaje al amado Hijo de Dios. La humillación que sufrió en el tribunal y en el camino al Calvario, prosiguió. Fue escarnecido, ridiculizado, escupido. Soportó las burlas, los desafíos y el vilipendio de quienes lo odiaban, hasta que en la cruz dobló la cerviz y murió.
¿Podría Dios habernos dado prueba mayor de su amor. que al entregar así a su Hijo para que pasara por todo aquel sufrimiento? Y como el don de Dios al ser humano fue el producto de su amor infinito, así sus derechos a nuestra confianza, nuestra obediencia, todo nuestro corazón y la totalidad de nuestros afectos, han de ser infinitos. Requiere todo lo que nosotros podamos ofrecerle. La sumisión de nuestra parte debe corresponderse con la magnitud del don de Dios; debe ser completa, sin reservas. Todos le somos deudores. Él tiene sobre nosotros derechos que no podemos satisfacer sin entregamos por completo y sin reticencias. Exige nuestra inmediata y voluntaria Obediencia, y no aceptará nada que no sea así.
Tenemos ahora oportunidad de, por su amor, aseguramos el favor de Dios. Este puede ser el último año de vida de algunos de los que leen esto. ¿Hay, entre los que leen esta súplica, quienes prefieran los placeres de este mundo a la paz que Cristo Ofrece a los que buscan fervientemente su voluntad y la cumple alegremente?— Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 407
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Devocional Vespertino Para 2020.
«Conocer al Dios Verdadero»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Pilita Mariscal & Martha Gonzalez
