«El cambio de corazón representado por el nuevo nacimiento puede realizarse únicamente por la obra efectiva del Espíritu Santo… El orgullo y el amor propio resisten al espíritu de Dios; cada inclinación natural del alma se opone al cambio que transforma la altivez y el orgullo en la mansedumbre y humildad de Cristo. Pero si hemos de caminar en la senda de la vida eterna no debemos prestar oído al susurro del yo. Con humildad y contrición debemos suplicar a nuestro Padre celestial: «Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí». Salmo 51:10 . Al recibir la luz divina y cooperar con las inteligencias celestiales, nacemos de nuevo, liberados de la corrupción del pecado por el poder de Cristo» ( The Faith I Live By , p. 137; parcialmente en La fe por la cual vivo , 11 de mayo, p. 139). Santiago y Juan presentaron, por medio de su madre, una petición a Cristo para solicitar que les fuera permitido ocupar los más altos puestos de honor en el reino. A pesar de las repetidas instrucciones de Cristo preocupantes a la naturaleza de su reino, estos jóvenes discípulos aún abrigaban la esperanza de un Mesías que ascendería a su trono con majestuoso poder, de acuerdo con los deseos de los hombres… Pero el Salvador contestó: “No sabéis lo que pedís: ¿podéis beber el vaso que yo he de beber, y ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado?” Sabiendo que sus palabras misteriosas señalaban pruebas y sufrimiento, con todo contestaron confiadamente: “Podemos”. Deseaban atribuirse el supremo honor de demostrar su lealtad compartiendo todo lo que estaba por sobrevenir a su Señor. “A la verdad mi vaso beberéis, y del bautismo de que yo soy bautizado, seréis bautizados”, declaró Jesús… Santiago y Juan iban a ser partícipes con su Maestro en el sufrimiento —el uno destinado a una muerte prematura por la espada, el otro seguiría a su Maestro en trabajos, vituperio y persecución por más tiempo que todos los demás discípulos. “Mas el sentaros a mi mano derecha ya mi izquierda —continuó Jesús— no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está aparejado de mi Padre”… En el reino de Dios no se obtiene un puesto por medio del favoritismo. No se gana ni es otorgado por medio de una gracia arbitraria. Es el resultado del carácter. La cruz y el trono son los símbolos de una condición alcanzada, los símbolos de la conquista propia por medio de la gracia de nuestro Señor Jesucristo… Aquel que ocupa el lugar más cerca de Cristo, será el que haya bebido más profundamente de su espíritu de amor abnegado —amor que “no hace sinrazón, no se ensancha… no busca lo suyo, no se irrita, no piensa el mal” —amor que induce al discípulo, así como indujo a nuestro Señor, a darlo todo, a vivir y trabajar y sacrificarse aun hasta la muerte para la salvación de la humanidad ( Conflicto y valor , 4 de noviembre, p. 314).
Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2026.
2do. Trimestre 2026 «CRECIENDO EN NUESTRA REALCION CON DIOS»
Lección 3: «ORGULLO CONTRA HUMILDAD»
Colaboradores: Xiomara Moncada y Karla González
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