«Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos». Lucas 7: 41, 42, RV60
COMO AGRADECIMIENTO por haberlo sanado, Simón celebró una fiesta en honor a Jesús, e invitó a sus discípulos, a Lázaro y Marta. Simón estaba en deuda con Dios, al igual que María. Uno debía quinientas monedas de plata y la otra cincuenta, pero ambos eran deudores y a ambos se les había perdonado la deuda. Cada uno tenía una deuda de gratitud que nunca podría pagar. «Simón se sentía más justo que María, y Jesús deseaba que viese cuán grande era realmente su culpa. Deseaba mostrarle que su pecado superaba al de María en la medida en que la deuda de quinientos denarios excedía a la de cincuenta» (El Deseado de todas las gentes, cap. 62, p. 533).
Simón hizo visible su gratitud preparando una suculenta cena con muchos invitados. Sin embargo, María rindió gratitud a Cristo en silencio; la delató el perfume cuando fue quebrado e inundó toda la casa. El corazón de Jesús «se apena cuando sus hijos dejan de mostrar su gratitud hacia él con palabras y hechos de amor. El que escudriña el corazón leyó el motivo que impulsó la acción de María» (ibíd., pp. 533-534).
En realidad, quien debió haber lavado los pies de Jesús era Simón, pero su recibimiento resultó frío y sin entusiasmo, no como el de María. Simón pensó que solo por invitarlo a su casa, ya honraba a Jesús. María se sentía una pecadora perdonada, pero Simón no.
De María, se dice que su historia se contará siempre: «Aquel ungüento era un símbolo del corazón de la donante. Era la demostración exterior de un amor alimentado por las corrientes celestiales hasta que desbordaba [ ] Fue María la que se sentaba a sus pies y aprendía de él. Fue María la que derramó sobre su cabeza el precioso ungüento, y bañó sus pies con sus lágrimas. María estuvo junto a la cruz y le siguió hasta el sepulcro. María fue la primera en ir a la tumba después de su resurrección. Fue María la primera que proclamó al Salvador resucitado» (ibidem, pp. 531, 535). Rindamos siempre gratitud a Dios con un corazón lleno de amor.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2018
“Fuentes De Vida¨
Por: David Javier Pérez
