Después de la muerte de Moisés, Josué había de ser el dirigente de Israel que tendría que conducirlos a la tierra prometida. Había sido su primer ministro durante la mayor parte del tiempo que los israelitas dedicaron a peregrinar por el desierto. Había visto las maravillosas obras realizadas por Dios por medio de Moisés, y comprendía bien la disposición del pueblo. Era uno de los dos espías que fueron enviados a explorar la tierra prometida, y uno de los dos que dio un fiel informe de su riqueza y que los animó a poseer la tierra con el poder de Dios. Estaba bien calificado para llevar a cabo esa importante tarea. El Señor prometió a Josué que estaría con él como había estado con Moisés, y que obraría para que Canaán le resultara fácil de conquistar, con la condición de que fuera fiel y guardara todos sus mandamientos. Él estaba preocupado por saber cómo cumpliría su comisión de conducir al pueblo a la tierra de Canaán, pero estas palabras de ánimo disiparon sus temores.
Josué mandó a los hijos de Israel que se prepararon para un viaje de tres días, y ordenó a todos los hombres de guerra que estuvieran listos para la batalla. «Entonces respondieron a Josué, diciendo: Nosotros haremos todas las cosas que nos ha mandado, e iremos adondequiera que nos mandes. De la manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a ti; solamente que Jehová tu Dios esté contigo, como estuvo con Moisés. Cualquiera que fuere rebelde a tu mandamiento, y no obedeciere tus palabras en todas las cosas que le mandes, que muera; solamente que te esfuerces y seas valiente».
El cruce del Jordán por parte de los israelitas debía ser milagroso. «Y Josué dijo al pueblo: Santificaos, porque Jehová hará mañana maravillas entre vosotros. Y habló Josué a los sacerdotes, diciendo: Tomad el arca del pacto, y pasód delante del pueblo. Y ellos tomaron el arca del pacto y fueron delante del pueblo. Entonces Jehová dijo a Josué: Desde este día comenzandoé a engrandecerte delante de los ojos de todo Israel, para que entiendan que como estuve con Moisés, así estaráé contigo» (La historia de la redención, págs. 179, 180).
El poderoso Dios de Israel es nuestro Dios. En él confiar podemos, y si obedecemos sus requerimientos, obrará por nosotros tan señaladamente como lo hizo por su antiguo pueblo. Todo el que procura seguir el camino del deber se verá a veces asaltado por la duda e incredulidad. El camino estará a veces tan obstruido por obstáculos aparentemente insuperables, que ello podrá descorazonar a los que cedan al desaliento; pero Dios les dice: Sigan adelante. Cumplid vuestro deber cueste lo que costare. Las dificultades de aspecto tan formidable, que llenan vuestra alma de espanto, se desvanecerán a medida que, confiando humildemente en Dios, avanzais por el sendero de la obediencia (Historia de los patriarcas y profetas, p. 466).
Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
4to. Trimestre 2025 «LECCIONES DE JOSÚE ACERCA DE LA FE»
Lección 1: «LA FÓRMULA DEL ÉXITO»
Colaboradores: Xiomara Moncada y Karla González
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