«¿Acaso no saben ustedes que, aunque todos corren en el estadio, solamente uno se lleva el premio? Corran, pues, de tal manera que lo obtengan. Todos los que luchan, se abstienen de todo. Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible; pero nosotros, para recibir una corona incorruptible». 1 Corintios 9:24-25, RVC
PABLO ESTABLECE un agudo contraste en este pasaje, para ilustrar los débiles esfuerzos de los cristianos profesos que justifican sus complacencias egoístas y rehúsan colocarse, mediante actos de abnegación y hábitos de estricta temperancia, en una posición donde puedan vencer con todo éxito. Todos los que se registraban en los juegos públicos estaban animados y estimulados por la esperanza de obtener un premio si tenían éxito. De igual manera, los cristianos tienen delante un premio que es la recompensa de la fidelidad hasta el fin de la carrera. […] Todos corren en la carrera, pero uno solo gana el premio. Los demás que van en busca de la perecedera corona de laurel, están condenados al fracaso, independientemente de cuán cabal sea su preparación, cuán fervientes y decididos sean sus esfuerzos. La carrera cristiana es diferente. […] Tanto el santo más débil como el más fuerte pueden ganar la corona de gloria inmortal, si son sinceros y experimentan privaciones y pérdida por amor de Cristo. […]
Si creamos apetitos que no son naturales y los complacemos en cualquier grado, violamos las leyes naturales y obtendremos un debilitamiento físico, mental y moral. Así quedamos en desventaja para realizar los esfuerzos perseverantes, enérgicos y confiados que habríamos podido efectuar si hubiéramos permanecido fieles a las leyes de la naturaleza. Si dañamos un solo órgano del cuerpo, le robamos a Dios el servicio que podríamos prestarle.— The Review and Herald, 18 de octubre de 1881.
El apóstol nos habla sobre el cuidado y la diligencia que se requerían para obtener la victoria en esos juegos antiguos. Exhorta a todos los que inician la carrera cristiana a poner en juego toda la diligencia posible para asegurarse el éxito, mientras les presenta para alentarlos la corona de gloria que el Juez justo otorgará a todos los que sean fieles hasta el final de la carrera. […] Esta corona no es una corona de flores perecedera, sino la corona gloriosa de la vida eterna que pertenece a todos los que, habiendo completado la carrera cristiana, ansían la venida de nuestro Señor.— Ibid.
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Devocional Vespertino Para 2023.
«A FIN DE CONOCERLE»
Por: ELENA G. DE WHITE
Colaboradores: Ruben D. Salazar & Miguel Miguel
