sábado , 2 mayo 2026
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Matinal de Jóvenes 2026

La bendición de una espina

 

Y, para que la grandeza de las revelaciones no me exalte desmedidamente, me fue dada una espina en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetea». 2 Corintios 12:7

¿Para qué sirven las espinas? Tal vez pienses: «¡Ah, sirven para hacer daño! Son consecuencia del pecado y provocan dolor». La respuesta es correcta, pero parcialmente. Los espinos también tienen un propósito diferente: sirven como protección.

Cuando miramos las hermosas rosas, por ejemplo, no pensamos en los depredadores que podrían dañarlas. Tal vez el mayor depredador sea el joven enamorado que arranca las flores sin piedad para hacer un ramo y conquistar a su “presa”. Los espinos, por lo tanto, defienden las flores de los ataques externos.

En el texto bíblico de hoy, el apóstol Pablo presenta la dramática experiencia de tener una «espina en la carne». No sabemos con certeza qué significaba esto, y no vale la pena especular. Sin embargo, es interesante notar que esta espina servía tanto para atormentar como para evitar que el apóstol se enorgulleciera; es decir, era un instrumento de protección contra el orgullo y la soberbia.

Catorce años antes de escribir este verso, Pablo tuvo una visión extraordinaria en la que fue arrebatado al tercer cielo, el lugar donde mora Dios. Para evitar que el apóstol se sintiera orgulloso de su notable experiencia, el Señor permitió que esta «espina» fuera infligida a su siervo para equilibrar su autoestima espiritual. La prueba fue una forma de protección, y el dolor vino como gracia disfrazada.

Dios no es el causante de las tragedias ni de las espinas en las flores de nuestra vida. Sin embargo, él permite que el sufrimiento llegue a nuestra puerta para enseñarnos lo malo que es el pecado. Además, el Señor usa “espinas” para librarnos de las tentaciones. De hecho, «hay ocasiones en las que el Creador nos disciplina para prevenir un pecado futuro» (Warren W. Wiersbe, La verdad al revés, p. 10).

Creo que la mayor bendición de la espina en la carne de Pablo fue enseñarle a depender completamente de Dios. Necesitaba entender que su fuerza venía del Señor. Así que, si hoy lloras por una «espina en la carne», ten calma: hay espinos que son para nuestro bien.

 

 

«DIFERENTE»
POR: MILTON ANDRADE
Colaboradores: Isaí Cedano y Karla González

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