¿CUÁNTO VALE ÉL PARA TI?
Esta es una ilustración y nada más. ¿Qué relación podría tener con las citas bíblicas de la siguiente página?
Cada cierto tiempo los adultos sentimos la necesidad de hacer una limpieza profunda de la casa en la que vivimos. En momentos como esos, aprovechamos para decidir qué cosas queremos desechar y cuáles creemos que es mejor conservar. En muchas ocasiones, ponemos estos objetos a la venta frente a nuestra casa para deshacernos de esas cosas que ya no queremos pero que aún sirven. Eso exactamente fue lo que ocurrió hace poco en mi casa. Mi esposa vació los armarios del piso de arriba y llenó unas cuantas cajas de cosas para que las pusiéramos a la venta en nuestro jardín.
«Solo sácalas, y yo me encargo de venderlas», me dijo de manera despreocupada.
Mi esposa es una mujer maravillosa, pero como actriz es realmente mala, de manera que el modo tan indiferente en que me pidió que sacara las cajas me pareció un tanto sospechoso.
«¿Habrá algo en las cajas que ella no quiere que yo vea?», pensé.
Al parecer ella también se dio cuenta de que yo había notado algo extraño, de manera que dijo rápidamente: «Si no tienes nada más que hacer, podrías ayudarme a…».
Para adelantarme al ultimátum que venía en camino, me apresuré a bajar las cajas hasta la puerta del estacionamiento.
Cuando finalmente me quedé a solas con las cajas, abrí una de ellas y hurgué en su interior. En general, estuve de acuerdo con todo lo que estaba poniendo a la venta. Sin embargo, en el fondo de una caja había una sudadera verde que yo guardaba desde la universidad. Durante quince años, esa sudadera me había acompañado a lo largo de temporadas de fútbol, proyectos de ayuda comunitaria, viajes misioneros y vacaciones. En algún momento había sido mi favorita, y por eso la tenía guardada. Mi sudadera me había acompañado como una amiga fiel en las buenas y en las malas.
«¿Por qué la habrá escondido en el fondo de la caja?», me pregunté. Se trataba claramente de una conspiración. Algo que tenía un gran valor para mí, mi esposa consideraba que era basura y que debía desecharse. Pero yo me iba a quedar con ella, y estaba decidido a lo que fuera para lograrlo. Así que le quité la etiqueta del precio que mi esposa ya le había puesto, y entré de nuevo a la casa listo para la guerra.
Resumiendo en pocas palabras lo que sucedió, perdí la batalla por la sudadera. Al parecer, mi amor por mi esposa es mayor que mi amor por un artículo viejo. Sin embargo, mi reacción muestra que las cosas que valoramos siempre son extremadamente personales. Las anécdotas, experiencias y recuerdos de nuestras vidas están asociados a simples símbolos, algunos de los cuales son tan viejos como mi sudadera. ¿Por qué para algunos hoy en día arrodillarse a orar es algo pasado de moda y fuera de lugar? ¿Por qué devolver el diezmo y ofrendar para la obra de la iglesia no es para muchos una prioridad como lo era hace cien años? Escuchar que un predicador habla de la Palabra de Dios es algo irrelevante para muchos de los que viven hoy en este acelerado mundo. ¿Por qué ocurre esto? ¿Qué es lo que nos está pasando, que se nos está haciendo tan difícil alabar a nuestro Dios?
-Pastor Troy
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