El colapso bajo la cruz
Tras lavarse simbólicamente las manos ante el pueblo y declarar: «Yo no soy responsable de la muerte de este hombre» (Mateo 27: 24), Jesús fue entregado para que la multitud hiciera con él lo que quisiera. En ese momento, Jesús no había comido ni bebido nada desde la última cena con sus discípulos. Había estado luchando intensamente contra las fuerzas demoníacas en el huerto de Getsemaní, mientras comenzaba a soportar el peso eterno del pecado. Había sufrido la traición de Judas, la negación de Pedro y el abandono del resto de los discípulos. Había recibido dos azotes y sufrido otros abusos violentos tanto por parte de los sacerdotes como de los soldados romanos. Con el cuerpo cubierto de laceraciones y completamente agotado en cuerpo, mente y espíritu, Jesús se vio obligado a cargar con la cruz que estaba destinada a Barrabás. Con la cruz sobre los hombros, comenzó el camino hacia el Gólgota.
Avanzó unos pasos, pero colapsó debido al peso de las vigas de madera. Aunque se burlaron de él y le gritaron, se levantó y volvió a cargar con la cruz. Una vez más, cayó bajo su humillante carga. Su naturaleza humana no podía soportar más. Al darse cuenta de que no iba a poder seguir mucho más, los soldados eligieron a Simón, de la ciudad norteafricana de Cirene. Lo obligaron a llevar la cruz por Jesús. Este momento resultó ser una bendición para Simón que, en última instancia, lo llevó a su conversión.1
El relato de Juan dice que Jesús llevó su propia cruz, mientras que los otros Evangelios dicen que Simón de Cirene fue quien la llevó. No se trata de contradicciones, sino de detalles cronológicos. Jesús comenzó llevando su propia cruz, pero cuando su cuerpo se debilitó, los soldados llamaron a Simón para que llevara la carga.
Solo con su fuerza humana, Jesús no podía llevar la cruz. Necesitaba que alguien lo acompañara y lo ayudara. Esta es una imagen de lo que pueden esperar los seguidores de Cristo. Al principio de su ministerio, Jesús invitó a sus discípulos a negarse a sí mismos, tomar su cruz y seguirlo (Mateo 16: 24). ¿Cómo fue cuando Jesús tomó su cruz? Se derrumbó. Estaba agotado. No le quedaban fuerzas y ya no podía cargarla.
De eso se trata precisamente.
El hecho de que Jesús se derrumbara bajo el peso de su cruz nos muestra que nosotros no somos unos fracasados cuando nos derrumbamos bajo el peso de la nuestra. Él nos comprende. Nunca estuvimos destinados a llevar nuestra cruz solos. Necesitamos ayuda que provenga de una fuente externa a nosotros mismos. Incluso Jesús necesitó ayuda para llevar su cruz. Si el Salvador, el Hijo de Dios, necesitó ayuda, nosotros podemos aceptar ayuda para llevar nuestra propia cruz y seguirlo.
¿Alguna vez te has sentido abrumado por el peso de la cruz que te ha tocado llevar? Piensa en lo que sentiste en ese momento. ¿De qué manera la lección de hoy te ayuda a entenderlo?
3er trimestre 2026 «LAS ESCENAS FINALES»
Lección # 09 «¿DEBO CRUSIFICAR A UN REY?»
Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez
