viernes , 25 septiembre 2026

 

 

Lee el texto de esta semana: Génesis 3

La tecnología digital nos permite a muchos ver a amigos y familiares que se encuentran en lugares lejanos; sin duda, es una gran bendición, pero ¡qué mejor que reunirse en persona! Algo especial sucede cuando nos reunimos, nos damos un abrazo y hablamos cara a cara.

Los seres humanos fueron creados para disfrutar de una relación de amistad cara a cara con Dios y entre ellos. Los capítulos 1 y 2 del Génesis narran la historia de la creación. Dios creó un mundo hermoso, y en él puso a Adán y Eva, el acto culminante de la creación. Los seres humanos nos diferenciamos de todas las demás criaturas de la tierra porque fuimos hechos a imagen de Dios (Gén. 1:27), algo que solo se dice de nosotros y no, por ejemplo, de las aves o los demás animales. Como tales, estábamos llamados a vivir vidas plenas y abundantes, experimentar el amor en todas sus formas y caminar en comunión con Dios mismo.

En Génesis 2:18-23 leemos que Dios creó a Eva para Adán porque, según dijo Dios, no era bueno que el hombre estuviera solo (Gén. 2:18). Desde el principio, los seres humanos fueron creados como seres sociales. En la actualidad, los sociólogos enseñan que la interacción humana proporciona numerosos beneficios para nuestro bienestar físico y mental, mientras que la soledad es letal. Por tanto, no es de extrañar que, tras la creación de Eva, Adán exclamara: «¡Esta sí que es de mi propia carne y de mis propios huesos! Se va a llamar “mujer”, porque Dios la sacó del hombre» (Gén. 2:23). La estructura familiar establecida por un hombre y una mujer unidos en matrimonio es la primera institución social que Dios proporcionó a los seres humanos para que experimentaran una relación y una comunión integrales. No debería sorprender que uno de los principales objetivos de Satanás haya sido siempre destruir la dinámica fundamental de la familia.

En su hogar original, Adán y Eva podían encontrarse con Dios y escuchar sus instrucciones. Como administradores del maravilloso jardín de Dios, crecieron en conocimiento y destreza mientras cuidaban de la flora y la fauna. Cada día, también tenían un tiempo especial con Dios «a la hora en que sopla el viento de la tarde» (Gén. 3:8). El día de reposo, en particular, parte esencial del acto creador de Dios, era un tiempo dedicado a la comunión entre Dios y sus hijos (Gén. 2:2-3; Éxo. 20:8-11). En ese día, nuestros primeros padres experimentaban el amor y el cuidado de Dios hacia ellos de manera personal.

El pecado, sin embargo, alteró la paz de la primera familia y dañó su íntima conexión con Dios. Adán y Eva fueron expulsados del jardín y ya no pudieron hablar con Dios cara a cara. El profeta Isaías escribió sobre esta difícil condición humana: «Las maldades cometidas por ustedes han levantado una barrera entre ustedes y Dios; sus pecados han hecho que él se cubra la cara y que no los quiera oír» (Isa. 59:2).

En realidad, Adán y Eva seguían siendo hijos de Dios. Sin embargo, las consecuencias del pecado no podían evitarse, y tuvieron que abandonar el Edén. Nada volvió a ser igual tras su desobediencia. El pecado cambió por completo la vida humana de formas que no podemos imaginar, y eso se debe a que lo único que conocemos es un mundo de pecado. A causa del pecado, la tierra quedó «bajo maldición» y produciría «espinos y cardos» (Gén. 3:17-18). Los seres humanos experimentarían ahora dolor y tendrían que sudar para procurarse el sustento, solo para morir y volver a la tierra (Gén. 3:19). A causa del pecado, las personas perdieron la comunicación cara a cara con Dios.

Para restaurar esa comunicación y esa relación con sus amadas criaturas, Dios ha dispuesto distintas maneras de hablarnos. La forma más reconocida de interacción divina con nosotros es a través de portavoces cuidadosamente elegidos, conocidos como profetas, quienes nos revelan sus mensajes. Los profetas que conocemos suelen tener escritos en la Biblia, aunque no siempre.

El plan definitivo de Dios es restaurar su imagen en nosotros, la imagen que el pecado ha destrozado. De esto trata el plan de salvación: una restauración que se completará cuando Dios cree «el cielo nuevo y la tierra nueva que [nos] ha prometido, en los cuales todo será justo y bueno» (2 Ped. 3:13). Hasta entonces, Dios sigue hablándonos, y a veces sigue utilizando profetas para hacerlo.

Haz un esquema o un mapa conceptual de Génesis 3. Céntrate especialmente en los versículos 1-10. Transcríbelos a partir de la versión de la Biblia que prefieras o reescríbelos con tus propias palabras.

Revisa el pasaje que has transcrito.

  • [Rodea] las palabras, frases o ideas que se repiten.
  • [Subraya] palabras o frases que sean importantes y significativas para ti.
  • Dibuja [flechas] para conectar palabras o frases relacionadas entre sí.

 

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Lección – Inverso 2026.
4to. Trimestre 2026 «EL DON DE PROFECÍA»
Lección 01 « EL CREADOR HABLA »
Colaboradores: Felipe Torres y Esther Jiménez

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