Sin más credenciales que simplemente ser un esclavo de Dios y Jesús, Santiago abre su Epístola dirigiéndose a los creyentes que están «dispersos» (Sant. 1: 1, NTV). Luego comienza de una vez a dar consejos prácticos, lo cual no deja de hacer durante todos los cinco capítulos: vivan de esta manera y no de esta otra, según las claras realidades que Dios ha revelado. Mientras que algunos eruditos creen que Santiago es simplemente una seguidilla de máximas sueltas sin un tema cohesivo, otros concuerdan en que Santiago, el hermano de Jesús, les escribió estas palabras a personas reales que estaban atravesando circunstancias reales, y que lo hizo con un propósito muy real: darles aliento y consejos prácticos en medio de sus circunstancias adversas.
El autor escribe para una audiencia que está atravesando pruebas difíciles, que necesita sabiduría y que lucha por aferrarse a su fe de manera constante. Las circunstancias que describe reflejan de forma fidedigna la agitación social y las injusticias que ocurrían a finales de los años 40 y 50 del siglo I d. C. En medio de la pobreza, la injusticia, la violencia y sin un final a la vista, hasta el más devoto de los cristianos pudo haberse sentido tentado a usar las armas del mundo para defenderse. Esta realidad preocupaba enormemente a Santiago, al punto de llevarlo a escribir una carta rica en consejos prácticos y relevantes.
Aunque sus consejos van directo al grano, la expresión «hermanos míos» que Santiago usa denota un grado de camaradería y empatía. Claramente él entiende la violencia y el sufrimiento de los cuales son víctimas, y que solo ellos pueden controlar cómo enfrentar. En lugar de seguir ejemplos de ira y venganza, invita a sus lectores a permitir que la paciencia crezca en ellos, a soportar y perseverar de una manera similar a la de Cristo, en lugar de buscar las soluciones rápidas pero equivocadas que ofrece el mundo.
Se necesitaba sabiduría en estas condiciones tan adversas, así que Santiago les habla de la abundante disponibilidad de sabiduría que hay Dios. Su único consejo es que la pidan «sin dudar, porque quien duda es como las olas del mar, agitadas y llevadas de un lado a otro por el viento […]; es indeciso e inconstante en todo lo que hace» (Sant. 1: 6, 8, NVI). Las agitadas olas del mar ilustran la inestabilidad de la persona que carece de fe para sostenerse. Par lo tanto, las circunstancias se reducen al factor decisivo: cuando las circunstancias lucen favorables, el creyente disfruta de gozo y paz; cuando las circunstancias son lóbregas o llegan las pruebas, la supuesta fe del creyente lo abandona. Su estado mental termina afectando todos los aspectos de la vida y «todo lo que hace». Por lo tanto, aconseja Santiago, permitamos que la fe sea probada pero no que se pierda, is en las peores circunstancias.
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- ¿A qué parece apuntar lo que marcaste y relacionaste
Del pasaje clave, selecciona un versículo para memorizarlo. Escríbelo varias veces con el fin de que te sea más fácil recordarlo.
- ¿Cómo puedes lograr entender que tu fe está siendo probada, en lugar de desanimarte por causa de esa prueba?
- ¿De qué manera afecta la fe o (a falta de fe a la vida de una persona?
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2022.
2do. trimestre 2022 INVERSO
Lección 1 «LA DICHA DE SER PROBADOS»
Colaboradores: Estrellita Hernández & Mayra Cota
