Escuchar la obertura
Juan 1: 1-18 se parece a una obertura instrumental, es decir, a una pieza inicial de una ópera, de un ballet o de una producción musical lírica o teatral. En algunas producciones de este tipo, fragmentos de la obertura reaparecen en canciones posteriores y se entienden mejor cada vez que vuelven a aparecer. De igual modo, el prólogo de Juan incluye temas que se repiten a lo largo del Evangelio. Lee el pasaje en voz alta. Escucha cómo fluyen las palabras y los pensamientos.
Estudiaremos este prólogo al libro de Juan en tres estrofas: 1) los versículos 1-8; 2) los versículos 9-13; y 3) los versículos 14-18. Cada estrofa se centra en la Palabra/el Verbo. Los primeros ocho versículos describen la Palabra/el Verbo eterna/o y el testimonio humano. Los versículos 9-13 resumen la respuesta de la humanidad a la Palabra/el Verbo. La tercera estrofa relata la entrada de la Palabra/el Verbo en el mundo y la gracia que conlleva.
Al leer el versículo 1, los lectores modernos solemos pensar en la Deidad, concretamente en el Hijo y el Padre; sin embargo, Juan utilizó un lenguaje que no se restringe a un trasfondo religioso. En la época de Juan, el término traducido como «la Palabra» o «el Verbo» (logos en griego) era comprensible tanto para los lectores judíos como para los no judíos. Para los griegos, el logos era un principio que regía el universo; para los judíos, el logos era el plan creador de Dios. También se refería a la Palabra creadora que dio origen al mundo.
Si pensamos solo en el Padre y el Hijo, se nos escapa la profundidad del mensaje de Juan. Considerar la metáfora de la Palabra nos ayuda a captar la singularidad de Cristo. Juan inicia con la frase «en el principio», pero ¿se trata del principio de este mundo (ver Génesis 1: 1) o del principio de todo? Si pudiéramos remontarnos a ese principio, ya encontraríamos allí a la Palabra y a Dios; por lo tanto, el evangelio comienza incluso antes de la historia humana. Recordar esto nos ayuda a comprender el impacto monumental que tiene la Palabra cuando interactúa con la condición humana.
Juan declaró que la Palabra es Dios; encarna todos los atributos de Dios. Cuando nos encontramos con la Palabra, nos encontramos con Dios. La cabal comprensión de esta verdad no debe debilitarse con afirmaciones de que la Palabra tuvo un origen divino o que era simplemente un dios. Juan subraya que la Palabra era Dios incluso antes de la Creación, y que la Palabra es Dios encarnado (Juan 1: 18). Nos recuerda que Cristo resucitado también es Dios (20: 28-29). Como escribió Elena G. de White: «En las palabras “Yo soy la luz del mundo”, Cristo declaró su unidad con Dios, y su relación con toda la familia humana» (El Deseado de todas las gentes, cap. 51, p. 438).
Al concluir la primera subsección (Juan 1: 4-8), Juan pasa de describir la Creación a presentar el trasfondo cósmico. Se introducen dos fuerzas que se oponen entre sí: la luz y las tinieblas. Se personifican, pues hay un enemigo que opera en las sombras de la historia, al igual que Dios opera en la luz. La lucha entre la luz y las tinieblas aparece con frecuencia en este Evangelio (3: 19-21; 8: 12; 11: 9-10; 12: 35, 46; 13: 2, 27).
Regresa al texto que has escrito o parafraseado. Analízalo directamente y reflexiona sobre su contenido con máximo detenimiento.
- Encierra en un círculo las palabras, frases e ideas que se repiten.
- Subraya las palabras y frases que consideras más relevantes y que te resultan más significativas.
- Utiliza flechas para conectar algunas palabras y frases que se relacionan con otros conceptos similares.
- ¿A qué parece apuntar lo que copiaste y relacionaste?
Memoriza Juan 1: 1-5. Escríbelo las veces necesarias a fin de que te ayude a recordarlo fácilmente.
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Colaboradores: Joaquín Maldonado y Adriana Jiménez
