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Devocional Familiar 2024

ES VERDAD, ES REAL, ES BUENO

 

Oye, pues, la oración de tu siervo, y de tu pueblo Israel; cuando oren en este lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu morada, en los cielos; escucha y perdona. 1 Reyes 8:30.

Ella abre la puerta de su departamento, cuando el reloj marca las 4:45 de la madrugada. En otros tiempos, estaría durmiendo a esa hora, pero ahora todo ha cambiado. Se mira al espejo y contiene las lágrimas, mientras quita el maquillaje del cansado y bello rostro. La fuerza que ella pone, en el pedazo de algodón contra el rostro, es sintomática. Le gustaría que limpiase más que el maquillaje: quisiera verse libre del gusto amargo del fracaso, del olor del pecado, de la ilusión perdida. El agua que sale de la ducha limpia su cuerpo; pero sus lágrimas intentan limpiar el alma.

¿Dónde está la chica que cantaba en el coro de la iglesia? ¿Dónde, aquella muchacha de ojos inocentes y sueños lindos, que un día salió del interior y fue a la capital, buscando realizar sus sueños?

Acostada en la cama, recuerda que, cuando era niña, oraba todas las noches la oración que su madre le enseñara: “Muchas gracias, Señor, por el día, por mi padre, por mi madre y por mi hermano. Si pequé, por favor, perdóname. En nombre de Jesús, amén”. ¿Si pequé? Ella vive 24 horas por día con la luz de neón de la conciencia encendida en la misma palabra: ¡Pecadora! Es su sentencia. Es su destino. ¿Habría salida para ella?

El texto de hoy trae un pedido del rey Salomón, en el día de la inauguración del Templo que él había construido para honra de Dios. En esa ocasión, se acuerda de pedir por las necesidades del pueblo; el perdón parece ser la mayor de ellas. El ser humano es atacado, a diario, por su conciencia; carga el lastre de la culpa.

Para recibir el perdón de Dios, solo necesitas pedir, buscar, querer. Si hoy, al iniciar un nuevo día, levantas la voz y clamas a Dios por perdón, el perdón será derramado sobre ti. ¡Es verdad, es real, es bueno!

Por eso, si hoy sientes el peso de la culpa sobre ti, haz como Salomón, y levanta tu voz a Dios, en ruego: “Oye, pues, la oración de tu siervo, y de tu pueblo Israel; cuando oren en este lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu morada, en los cielos; escucha y perdona”.

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Lecturas Devocionales Familiares 2024

« PLENITUD EN CRISTO»
Por: Alejandro Bullón
Colaboradores: Familia Mariscal y Adriana

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