imPlícate

 

El corazón de Dios

Si piensas en las palabras que has dicho en las últimas veinticuatro horas, ¿cómo las evaluarías? ¿Fueron amorosas, amables, alegres, edificantes, impacientes, cansadas, ansiosas, enojadas, chismosas, maliciosas…? La Biblia dice: «De lo que abunda en el corazón, habla la boca» (Mateo 12: 34). Cuando tenemos basura en el corazón, se manifiesta en nuestras palabras.

Todos hemos experimentado frustración, cansancio o estrés, y ese estado de ánimo cambia lo que sale de nuestra boca (a menudo, palabras de las que luego nos arrepentimos). Por el contrario, cuando nuestro corazón rebosa amor por alguien, eso se refleja en nuestras palabras. Del mismo modo, la Palabra de Dios habla de su corazón y de sus intenciones hacia nosotros. Es asombroso pensar que estas mismas palabras, que provienen directamente del corazón de Dios mismo, están disponibles para nosotros en la Biblia. Es realmente increíble ver el poder que las palabras de Dios han tenido a lo largo de la historia.

«Una cosa es tratar la Biblia como un manual de instrucción moral, y prestarle atención mientras esté de acuerdo con el espíritu de la época y nuestra situación en el mundo, pero otra cosa es considerarla como lo que en realidad es: la Palabra del Dios viviente, la palabra que es nuestra vida, la palabra que ha de moldear nuestras acciones, nuestros dichos y nuestros pensamientos. Concebir la Palabra de Dios como algo inferior a esto es rechazarla. Y este rechazo de parte de los que profesan creer en ella es una de las principales causas del escepticismo y la incredulidad de los jóvenes».— Elena G. de White, La educación, cap. 30 p. 234

«La Biblia entera es una revelación de la gloria de Dios en Cristo. Aceptada, creída y obedecida, es el gran instrumento para la transformación del carácter. Y es el único medio seguro para lograr la cultura intelectual.

»La razón por lo que la juventud, y aun los que han alcanzado una edad madura, caen tan fácilmente en la tentación y el pecado es que no estudian la Palabra de Dios ni meditan en ella como debieran. La falta de una fuerza de voluntad firme y decidida, que se manifieste en la vida y el carácter, es el resultado de su descuido de las sagradas instrucciones de la Palabra de Dios. No se esfuerzan con ahínco para conducir sus mentes hacia aquello que les inspire pensamientos puros y santos, y que los distraiga de lo que es impuro y falso. Hay unos pocos que escogen la mejor parte, que se sientan a los pies de Jesús, al igual que María, para aprender del divino Maestro. Son pocos los que atesoran sus palabras en sus corazones y las ponen por obra en sus vidas».— Elena G. de White, Testimonios para la iglesia, t. 8, p. 333.

2do trimestre 2026 «UNA RELACIÓN MÁS ÍNTIMA CON DIOS»
Lección # 04 «EL PAPEL DE LA BIBLIA»

Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez

Salir de la versión móvil