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Recibir instrucción

Segunda de Timoteo 3: 16 identifica la instrucción como una de las cuatro funciones clave de las Escrituras. A lo largo de la Biblia, Dios nos exhorta a recibir su instrucción (ver Proverbios 8: 33). Nuestra capacidad para hacerlo depende en gran medida del estado de nuestro corazón. Las mismas palabras pueden cambiar por completo la vida de una persona, pero no tener ningún impacto en la de otra. No todos tienen discernimiento espiritual (ver 1 Corintios 2: 14), es decir, percepción y comprensión espiritual. Por lo tanto, tiene sentido que una persona con una mente abierta espiritualmente obtenga conclusiones muy diferentes de la lectura de la Biblia que otra con una mente cerrada espiritualmente. Alguien que piensa que la Biblia es una tontería no buscará la verdad en sus páginas.

Tanto nuestra actitud hacia la Biblia como la forma en que la leemos son muy importantes para crecer en nuestra relación con Dios. La Palabra cambia la vida de aquellos que la reciben con humildad y mansedumbre (ver Santiago 1: 21). Cuando las personas tienen un corazón sensible, aceptan la Palabra en lo más profundo de su ser y reciben nueva vida de ella (ver 1 Pedro 1: 23). Cuando tienen el corazón cerrado, la instrucción de la Palabra nunca va más allá de la superficie.

La Palabra de Dios obra en nosotros cuando tenemos fe. Cuando creemos que Dios tiene algo que decirnos, él nos habla a través de su Palabra y obra en nuestra vida. Con todo, mucho depende de nuestra fe y nuestras expectativas. La buena noticia es que, si nuestra fe es pequeña, Dios puede ayudarnos para que aumente (ver Marcos 9: 24), incluso si es tan pequeña como una semilla de mostaza (ver Lucas 17: 6).

Uno de los grandes propósitos de la Biblia es decirnos la verdad sobre el estado de nuestra relación con Dios y cómo fortalecerla. Si nuestro corazón está abierto al Espíritu Santo, si nos acercamos a la Palabra con humildad, siempre saldremos transformados, aunque tal vez no lo reconozcamos de inmediato porque ese cambio y ese crecimiento suelen ser graduales. Pero si seguimos aferrados a nuestra apatía y a nuestro pecado, sin estar dispuestos a cambiar, leer la Biblia nos servirá de poco. De hecho, «muchos leen la Biblia de una manera que no aprovecha, y hasta, en numerosos casos, produce un daño patente» (Elena G. de White, El camino a Cristo, cap. 12, p. 165). Si leemos la Biblia con una actitud equivocada, nuestra condición espiritual puede empeorar.

Es importante reconocer que el beneficio de la Palabra de Dios depende de cómo la recibamos. Cuando nuestro corazón está abierto, podemos sentir que el Espíritu Santo nos impulsa a acercarnos más a Jesucristo. ¿Queremos acercarnos más? Si es así, nos volveremos «sabios para la salvación» (2 Timoteo 3: 15, RV95) y podremos ver cosas que nunca imaginamos.

¿Cuál es el estado de tu corazón y de tu mente cuando vas a leer la Biblia? ¿Te acercas a la Biblia trayendo tus propias opiniones con el objetivo de justificarlas, o vas con la mente y el corazón abiertos, dispuesto, con una fe infantil, a oír lo que Dios quiere decirte? ¿Por qué es tan importante esta respuesta?

2do trimestre 2026 «UNA RELACIÓN MÁS ÍNTIMA CON DIOS»
Lección # 04 «EL PAPEL DE LA BIBLIA»

Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez

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