domingo , 16 agosto 2026
Lección de Univversitarios 2025

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El amor inmerecido de Dios

«Nada puede justificar un espíritu no perdonador. El que no es misericordioso hacia otros muestra que él mismo no es participante de la gracia perdonadora de Dios. En el perdón de Dios el corazón del que yerra se acerca al gran Corazón de amor infinito. La corriente de compasión divina fluye al alma del pecador, y de él hacia las almas de los demás. La ternura y la misericordia que Cristo ha revelado en su propia vida se verán en los que llegan a ser participantes de su gracia».— Elena G. de White, Palabras de vida del gran Maestro, cap. 19, p. 199

«La base de todo el perdón se encuentra en el amor inmerecido de Dios; pero por nuestra actitud hacia otros mostramos si hemos hecho nuestro ese amor. Por lo tanto Cristo dice: “Con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados; y con la medida que medís, os volverán a medir”».— Elena G. de White, La fe por la cual vivo, 5 de mayo

«Al terminar el Padrenuestro, añadió Jesús: “Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas”. El que no perdona suprime el único conducto por el cual puede recibir la misericordia de Dios. No debemos pensar que, a menos que confiesen su culpa los que nos han hecho daño, tenemos razón para no perdonarlos. Sin duda, es su deber humillar sus corazones por el arrepentimiento y la confesión; pero hemos de tener un espíritu misericordioso hacia los que han pecado contra nosotros, confiesen o no sus faltas. Por mucho que nos hayan ofendido, no debemos pensar de continuo en los agravios que hemos sufrido ni compadecernos de nosotros mismos por los daños. Así como esperamos que Dios nos perdone nuestras ofensas, debemos perdonar a todos los que nos han hecho mal».— Elena G. de White, El discurso maestro de Jesucristo, cap. 5, p. 173

«Dejemos que more en nosotros Cristo, la Vida divina, y que por medio de nosotros revele el amor nacido en el cielo, el cual inspirará esperanza a los desesperados y traerá la paz celestial al corazón afligido por el pecado. Cuando vamos a Dios, la primera condición que se nos impone es que, al recibir de él misericordia, nos prestemos a revelar su gracia a los demás».— Elena G. de White, El discurso maestro de Jesucristo, cap. 5, p. 175

Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
1er trimestre 2025 «RENOVAR LA MENTE»
Lección 08 «EXPERIMENTAR EL PERDÓN»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez

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