«Hiciste la luna para medir el tiempo; el sol sabe cuándo debe ocultarse» (Salmo 104: 19).

¿Dónde estaba mi amigo Hermán en esos momentos? Profundamente dormido en su cama. Se negaba a ver en la televisión nada relacionado con lo que él llamaba «una farsa». Para él, el gobierno estaba engañando al pueblo norteamericano para justificar el derroche del dinero de los contribuyentes y convencer a Rusia de que estábamos ganando la carrera espacial. Nadie podía hacer que Hermán cambiara de opinión. Finalmente todos se dieron cuenta de que él estaba convencido de lo que decía, así que se evitaba tocar el tema en su presencia. Hermán descendió a la tumba creyendo que nadie había llegado a la luna porque Dios no permitiría que eso sucediera, y que el gobierno estadounidense había engañado a todo el país.
Más de cuarenta años han transcurrido desde que la desacertada predicción de Hermán fuera echada por tierra. Hoy ese tema ya no es noticia. El caso es que yo ni pienso en la llegada a la luna. Sin embargo, Dios reveló importantes cosas en su Palabra, cosas en las que podemos confiar, como la influencia de la luna sobre las estaciones y las mareas, o que la luna brilla cuando se oculta el sol. Nuestro texto de hoy nos dice que Dios es quien lo controla todo en la tierra, que él revela lo que necesitamos conocer a través de su Palabra, y que el resto queda en sus manos.
Tomado de:
Lecturas devocionales para Menores 2014
“En la cima”
Por: Kay D. Rizzo