«No paguen a nadie mal por mal.
Procuren hacer lo bueno delante de todos»
Romanos 12: 17.
¿Alguna vez te disgustaste porque, tratando de ayudar a alguien, lo que recibiste fue desprecio de parte de esa misma persona? La tendencia humana cuando nos sucede algo así es cultivar la rabia que sentimos y alejarnos de quien nos hirió de esa manera. Sin embargo, observa cómo nos enseña Jesús a lidiar con situaciones en las que alguien nos ha hecho un desprecio o un mal.
El versículo de hoy nos dice que no paguemos a nadie mal por mal, sino que intentemos hacer lo bueno. Hacer lo bueno, como podemos concluir, no consiste en agradar a las personas que nos tratan bien y que no nos decepcionan; eso sería fácil y no desafiaría nuestro orgullo, Hacer lo bueno, según el reino de Dios, es hacer un esfuerzo extra para tener actitudes bondadosas y generosas para con aquellas personas que erraron en su relación con nósotras, que nos hirieron y fueron injustas.
Procurar hacer lo bueno es un consejo inspirado que, aunque no lo parezca, beneficia en primer lugar a la persona ofendida. ¿Sabes por qué?. Porque cuando procuramos hacer lo bueno a quien nos hizo sentir tristeza y resentimiento, estamos sanando nuestra propia herida producida por la injusticia que sufrimos. Por eso, el primer beneficiado es uno mismo.
Jesús fue el mayor ejemplo de lo que significa hacer el bien a quien te hace mal. Aun cuando fue abofeteado, escupido y herido, ofreció su propia sangre. Inspirados por el Espíritu Santo, muchos personajes bíblicos se esforzaron por hacer el bien a quienes los habían ofendido. José se esforzó por tratar con bondad a sus hermanos, que le habían hecho un gran mal; los perdonó y cumplió los propósitos de Dios. Moisés intercedió por un pueblo que se había quejado contra él, y lo hizo aun sabiendo que, en algún momento, seguirían culpándolo de supuestas desgracias que imaginaban estar enfrentando. David, aunque era fugitivo y estaba siendo amenazado por el rey Saúl, se esforzó por tratarlo con respeto; incluso cuando tuvo la oportunidad de matarlo, dejó la justicia en manos de Dios.
Es necesario que nos esforcemos por hacer lo bueno a quien, en nuestra opinión, no lo «merece». No sabemos hasta qué punto estaremos siendo usadas por Dios para impresionar la mente de quien nos ha ofendido, de tal manera que lo lleve a reconocer su error y a estar dispuesto a aprender las lecciones que Dios quiere enseñarle.
Dejemos nuestro orgullo a un lado y permitamos que Dios nos use como instrumentos en sus manos.
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
