El Señor ordenó a Moisés que enviara hombres a explorar la tierra de Canaán, que él daría a los hijos de Israel… Después de haber alabado la fertilidad de la tierra, todos excepto dos hablaron en forma muy desalentadora acerca de su capacidad para poseerla… A medida que el pueblo escuchaba ese informe, expresaba su desilusión con amargos reproches y lamentos. No se aguardaban para reflexionar y razonar que Dios, que los había traído hasta allí, les daría ciertamente la tierra…
Caleb se apresuró en adelantarse, y su voz clara y resonante se escuchó sobre el clamor de la multitud. Se opuso a la opinión cobarde de sus compañeros de exploración, que habían debilitado la fe y el ánimo de todo Israel. Llamó la atención del pueblo que acalló por un momento su lamento para escucharlo… Pero mientras hablaba, los espías desleales lo interrumpieron, gritando: “No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros”.
Esos hombres, al seguir su mala conducta, endurecieron sus corazones contra Dios, contra Moisés y Aarón y contra Caleb y Josué. Cada paso que avanzaban por esa dirección incorrecta los afirmaba en su propósito de desalentar cualquier intento de poseer la tierra de Canaán. Distorsionaron la verdad a fin de llevar a cabo su funesto propósito. Dijeron que el clima era insalubre y toda la gente de estatura gigante…
Este no era solamente un mal informe, sino además mentiroso. Era contradictorio; si la tierra era insalubre y devoraba a sus habitantes, ¿cómo era posible que estos tuvieran proporciones tan grandes? Cuando hombres que ocupan posiciones de responsabilidad se entregan a la incredulidad, no hay límites al avance que realizarán en la maldad… Si solo los dos hombres hubieran traído el mal informe, y los otros diez los hubieran alentado a poseer la tierra en el nombre de Jehová, ellos todavía habrían seguido el consejo de los dos en oposición a los diez, a causa de su perversa incredulidad (Conflicto y valor, 10 de abril, p. 106).
El pueblo de Dios de este tiempo tiene mucha más luz de la que tenía el antiguo Israel. No solo tienen la creciente luz que ha resplandecido sobre ellos, sino la instrucción que Dios dio a Moisés para ser transmitida al pueblo. Dios marcó claramente la diferencia entre lo sagrado y lo común y manifestó que esta diferencia debía ser estrictamente observada…
El Señor ha dado a su pueblo gran luz y preciosas instrucciones. Cuánta tristeza, cuánta vergüenza, cuánta agonía espiritual se ha extendido sobre los fieles servidores de Dios que han permanecido como Josué y Caleb, cuando han escuchado a Israel rechazar a sus dirigentes… y elegir a un miembro del sector rebelde para que los condujera de regreso a Egipto. En medio de sus quejas, los israelitas blasfemaron el nombre de Dios. El Señor había indicado que la defensa de la tierra de Canaán la había abandonado y que ese era el momento oportuno para entrar a ella
Caleb dijo una verdad para esa época que lo es para todo tiempo. “La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena. Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel. Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis” (El Cristo triunfante, 25 de abril, p. 124).
Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
4to. Trimestre 2025 «LECCIONES DE JOSÚE ACERCA DE LA FE»
Lección 8: «GIGANTES DE LA FE: JOSUÉ Y CALEB»
Colaboradores: Xiomara Moncada y Karla González
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