sábado , 7 noviembre 2026
Notas de Ellen G. White 2026

¡escuchen Esto!

 

 

 

Jeremías llamó su atención repetidas veces a los consejos dados en Deuteronomio. Más que cualquier otro de los profetas, recalcó las enseñanzas de la ley mosaica, y demostró cómo esas enseñanzas podían reportar las más altas bendiciones espirituales a la nación ya todo corazón individual. Suplicaba: “Preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y encontraréis descanso para vuestra alma”. Jeremías 6:16 .

En una ocasión, por orden de Jehová, el profeta se situó en una de las principales entradas de la ciudad, y allí insistió en lo importante que era santificar el sábado. Los habitantes de Jerusalén estaban en peligro de olvidar la santidad del sábado, y los amonestó solemnemente contra la costumbre de seguir con sus ocupaciones seculares en ese día. Les prometió una bendición a condición de que obedecieran. El Señor declaró: “Será empero, si vosotros me obedeciereis, dice Jehová, no metiendo carga por las puertas de esta ciudad en el día del sábado, sino que santificareis el día del sábado, no haciendo en ninguna él obra; que entrarán por las puertas de esta ciudad, en carros y en caballos, los reyes y los príncipes que se sientan sobre el trono de David, ellos y sus príncipes, los varones de Judá, y los moradores de Jerusalén: y esta ciudad será habitada para siempre”. Jeremías 17:24, 25 .

Esta promesa de prosperidad como recompensa de la fidelidad iba acompañada por una profecía de los terribles castigos que caerían sobre la ciudad si sus habitantes eran desleales a Dios ya su ley. Si las amonestaciones a obedecer al Señor Dios de sus padres ya santificar sus sábados no eran escuchadas, la ciudad y sus palacios quedarían completamente destruidos por el fuego.

Así defendió el profeta firmemente los sanos principios de la vida justa tan claramente bosquejados en el libro de la ley. Pero las condiciones que prevalecían en la tierra de Judá eran cuentos que únicamente merced a las medidas más decididas podían producirse una mejoría; por lo tanto trabajó con el mayor fervor por los impenitentes. Rogaba: “Haced barbacoa para vosotros, y no sembréis sobre espinas”. “Lava de la malicia tu corazón, oh Jerusalén, para que seas salva”. Jeremías 4:3, 14 .

Pero la gran mayoría del pueblo no escuchó el llamamiento al arrepentimiento ya la reforma. Desde la muerte del buen rey Josías, los que gobernaban la nación habían sido infieles a su cometido, y habían estado extraviando a muchos. Joacaz, depuesto por la intervención del rey de Egipto, había sido seguido por Joaquim, hijo mayor de Josías. Desde el principio del reinado de Joaquim, Jeremías había tenido poca esperanza de salvar a su tierra amada de la destrucción y al pueblo del cautiverio. Sin embargo, no se le permitió llamar mientras la ruina completa amenazaba al reino. Los que habían permanecido leales a Dios debían ser talentosos a perseverar en el bien hacer, y si era posible los pecadores debían ser inducidos a apartarse de la iniquidad (Profetas y reyes, pp. 302, 303).

 

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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2026.
4to. Trimestre 2026 «EL DON DE PROFECIA»
Lección 07 «¡ESCUCHEN ESTO!»
Colaboradores: Felipe Torres y Esther Jiménez

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